Archive for ‘José Tomas Angola Heredia’

September 13, 2007

NOSOTROS los brutos

Esto no tiene desperdicio. Somos unos animales, de lo peor que podía juntarse en un solo país, este Sr. tiene toda la razón. Me quito el sombrero. Yo no le conocía, soy bruto, el escribe en el 2001.

Por José Tomas Angola Heredia

El señor presidente con sus ya rutinarias buenas maneras (parece que se le olvidaron las nalgadas que le daba su abuela cuando decía alguna vulgaridad) insultó al país que no está de acuerdo con él. El incidente ocurrió en el último show televisivo de los domingos. En una de sus acostumbradas pistoladas dominicales el ciudadano presidente nos llamó brutos a todos aquellos a quienes nos parece que la bendita reforma constitucional se debería votar por artículo. Está bien que el señor nos quiera poner la bota hasta que se muera de viejo, pero otra cosa es que nos insulte. Pues resulta que no. Por primera vez en estos miserablemente desperdiciados nueve años de cancerígena revolución estoy de acuerdo con el señor presidente, líder máximo, comandante supremo, cantor mayor, santón inconmensurable, papá de los helados o cualquier otra de las denominaciones que el séquito de lamebotas que le acompañan le quiera endilgar.


Resulta que yo a estas alturas sí creo que éste es un país de brutos. Fuimos brutos un 27 de febrero cuando este criminal salió en televisión, firifirito (aún la cocina de Miraflores no lo había engordado groseramente), con su boinita estropeadita y su mohín en la boca, y nos dijo que él se hacía responsable del monstruoso delito que se acababa de cometer, aunque “por ahora” no se hubiesen cumplido los objetivos. Se lo creímos pero nada hicimos al respecto. Si así hubiese sido, este señor estaría preso todavía, responsable de las muertes de los pobres soldaditos que esa madrugada se pelearon con sus hermanos, engañados y sin saber por qué hacían aquello. Le debo dar la razón al ahora comandante máximo de todos los reservistas, uniformados o cualesquiera que carguen un arma. Resulta que sí somos un pueblo bruto. Le brindamos a semejante forajido el beneficio de la duda y le dimos un indulto presidencial en la creencia que el militarcito habría aprendido su lección de que matando compatriotas no era la forma de llegar al poder. Y el remedio resultó peor que la enfermedad. Somos tan brutos que le creímos la campaña presidencial que emprendió diciendo que lucharía contra la corrupción (y su gobierno es el más corrupto de la historia patria), que acabaría con los niños de la calle (y en realidad eso está haciendo pero matándolos de hambre), que nunca giraría hacia el fracasado socialismo (y el país está enrumbado hacia el peor de sus desastres) y que buscaría entenderse con toda la nación (y resulta que lo único que ha hecho es atropellar, vejar y segregar a los que no están con él).

La brutalidad tiene en nosotros características endémicas pues resulta que lo elegimos y un poco de gente seria salió a apoyarlo y respaldarlo e incluso trabajó con él. De los brutos que hicieron eso recuerdo a Alfredo Peña, Luis Miquilena, Jesús Urdaneta Hernández, Raúl Salazar, Herman Escarrá, Kiko Bautista, Carmen Ramia, Jorge Olavarría, José León Tapia, los generales Manuel Antonio Rosendo y Guaicaipuro Lameda, el comandante Acosta Chirinos, Jesús Elechiguerra, Virginia Contreras y aquí me paro porque sino el artículo se llenaría de brutos. Pues esta gente tan seria y estudiada, resultó tan bruta como el restante de los venezolanos.

Fuimos tan brutos que nos calamos una Constituyente que no tenía ningún sentido y que en definitiva no ha servido para nada sino para hacer un show mediático, porque al ratico el propio padre de la criatura estaba usando la nueva constitución para empapelar su oficina. La brutalidad alcanzó ribetes de récord mundial cuando dejamos que el fulano jugara con este país como si fuéramos un atajo de borrachos. Nos paseó por interminables elecciones que ha manipulado, arreglado y torcido a su beneficio, sólo con el fin de darle cierta encachadura democrática al entuerto totalitario que ha impuesto. Somos tan brutos que aceptamos que nulidades y mediocres como Pedro Carreño, Juan Barreto, Cilia Flores, Nicolás Maduro, José Vicente Rangel, Tarek William Saab o Luis Acosta Carlez, dirijan los destinos de este país.

La brutalidad está llegando a un punto en el que podríamos aceptar que este país no tiene cura. Resulta que un alarde de cinismo el mismísimo señor presidente ha propuesto una reforma a su propia constitución pret-a-porte para poder hacer definitivamente lo que le dé la gana. Es decir, nos está pidiendo que compremos el revólver con el que nos ejecutará de un tiro en la frente. Nuestra brutalidad ojalá pueda servir de ejemplo a estos pobres países latinoamericanos, engañados con los discursos malolientes de Evo, Kirshner, Ortega o Correa. La cosa es que pareciera que no tenemos cura. ¿O sí? ¿Qué tan bruto puede ser este pueblo? ¿Seremos lo suficientemente brutos para entronizar a un pequeño y verrugoso dios para que haga lo que quiera con nosotros el resto de la vida, o tendremos la entereza para decir que no y patearlo de una buena vez? Buena pregunta pero algo difícil de responder si entendemos que estamos hablando de brutos.

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