Archive for ‘Luis Herrera Campins’

February 13, 2009

De Gonzalo Barrios a Nicolás Maduro: 50 años de involución

De Gonzalo Barrios a Nicolás Maduro: 50 años de involución

Por Gustavo Coronel

Gustavo Coronel es un veterano ingeniero de la industria petrolera, miembro director de la primera junta directiva de PDVSA (1975-1979). Actualmente Coronel colabora en Petroleumworld como editor de opinión de Petroleumworld en Español..

Para quienes ya estamos en la séptima década de la vida y aún mentalmente lúcidos, no es difícil advertir el trágico proceso de involución política y social que ha sufrido nuestro país desde la década de los 60 hasta hoy. La Venezuela de los años 60 era un país en proceso de despegue económico, político y social.

Recién huido Marcos Pérez Jiménez, con varias maletas llenas de dólares que le permitieron vivir como un pachá en Madrid hasta que murió de viejo, pero feliz, el país entró en una etapa democrática que lo convirtió en el modelo a ser imitado por el resto de América Latina. Centenares de miles de inmigrantes habían entrado a Venezuela: italianos, españoles, portugueses, checos, yugoeslavos, algunos rusos, todos buscando un país mejor, una oportunidad de comenzar de nuevo en un país democrático donde todo parecía nuevo.
El maravilloso impulso que esos inmigrantes le dieron a nuestro país en todos los órdenes: cultural, económico, social, todavía está por evaluarse en su justa magnitud.

De la gran conjunción de nuestro mestizaje con aquella inmigración europea surgieron bellísimas mujeres,grandes atletas, extraordinarios intelectuales, músicos, pintores y científicos. Los gobiernos venezolanos post dictadura abrieron el país a un estilo de vida profundamente democrático y civilista.
La Venezuela que emergía de la dictadura y que estaba generando un nuevo y mas ilustrado mestizaje tenía problemas pero, en retrospectiva, no tengo dudas de que era un gran país. Recuerdo como en la playa, los fines de semana, nos encontrábamos con los ministros y altos funcionarios del gobierno, sin guardaespaldas, sin la parafernalia armada y hostil que acompaña a los dictadorzuelos, e intercambiábamos saludos, aún sin compartir sus tendencias políticas. Era la época de tener adversarios pero no enemigos.

En su momento, el primer presidente de la Venezuela post Perezjimenista, Rómulo Betancourt, no tenía las simpatías de muchos venezolanos, quienes preferían a políticos mas conservadores. Y, sin embargo, Betancourt se convirtió en el gran líder de la democracia latinoamericana, al enfrentársele por igual a las dictaduras de derecha (el criminal Chapita Trujillo) y de izquierda (el carnicero cubano, Fidel Castro). En alianza con John Kennedy, Betancourt se colocó en la vanguardia de la democracia en el hemisferio, derrotando tanto el intento de asesinato
hecho por Trujillo como la invasion de mercenarios cubanos enviada por Castro. Los gabinetes de Betancourt fueron de gente preparada, honesta y decorosa: Gonzalo Barrios, Luis Beltran Prieto, Andrés German Otero, Edmundo Fernández.

Su secretario, Ricardo Montilla, mantenía las puertas de sus oficinas abiertas a los jóvenes estudiantes que iban a su despacho en búsqueda de información. El tono general de ese gobierno era de una profunda sencillez democrática. La oposición era tomada en cuenta y las
conversaciones entre la gente del gobierno y la gente de la oposición eran frecuentes y parte del existente estilo democrático. Durante ese período y los que vinieron después, los de Leoni y Caldera, la tradición de respeto hacia la oposición se mantuvo y era motivo de orgullo cívico ver como nuestros gobernantes se mezclaban libremente con los ciudadanos y como se discutían los asuntos de significación nacional entre todos los venezolanos. Venezuela era una democracia ejemplar, imitada en todo el hemisferio.

La involución comenzó, de manera insidiosa, con Carlos Andrés Pérez y con Luis Herrera Campins. Durante esos períodos, a pesar de los altos ingresos petroleros, el gobierno de Venezuela pareció perder su rumbo hacia el progreso para convertirse en una organización fantasiosa (Pérez) y burocrática (Herrera), con fuertes indicios de una seria corrupción administrativa. Pérez tuvo mucho dinero y mucho poder.
Su problema fue, como lo dijo Gonzalo Barrios, que le hizo falta ‘un poco de ignorancia’. El pretendía saber más que todos de todo. Los miembros de sus gabinetes fueron reducidos a meros mirones de palo. Herrera, a título personal, no fue un corrupto, pero durante su presidencia muchos miembros de su entorno fueron muy corruptos y el país se deterioró debido a su estilo pasivo e indolente de manejar el gobierno.

La involución se aceleró bajo Lusinchi. Los miembros de su equipo de gobierno eran muy mediocres. Su débil personalidad permitió que la corrupción llegara a muy altos niveles. RECADI permanece como una de las mayores tragedias administrativas de la Venezuela moderna. Esta involución se acentuó bajo los segundos gobiernos de Pérez y Caldera, no tanto por culpa de los miembros del gobierno sino por la estupidez de los presidentes. Pérez tuvo un grupo de ministros jóvenes, casi todos estrellas. Caldera también tuvo algunos excelentes ministros. Sin Embargo, la personalidad absorbente de estos hombres ahogó todo intento de progreso en el país. Durante la segunda presidencia de Pérez se llevaron a cabo dos golpes militares, ambos sangrientos pero ineptos. Los dos fueron derrotados por el gobierno y carecieron de apoyo en la sociedad civil. El gobierno de Caldera fue laxo en el castigo a los culpables de esos golpes.

Hoy, los protagonistas de esos sangrientos golpes están en el poder. El jefe del primer golpe, Hugo Chávez, es hoy presidente y, más que presidente, es un hombre fuerte, a la usanza de Perón en Argentina,Noriega en Panamá o Fujimori en Perú. Los cómplices de esos golpes están hoy, esencialmente, en posiciones de alto poder político.

Durante estos últimos años de continua involución política y social la calidad de los actores políticos venezolanos ha bajado de una manera estrepitosa. Por primera vez desde que escribo para la prensa, desde hace 58 años, me siento tentado a poner en blanco y negro una expresión vulgar. Cuando pienso que en los últimos cincuenta años hemos ido de Gonzalo Barrios a Nicolás Maduro, me provoca decir: coñoooo!.

De Luis Beltran Prieto a Aristóbulo Isturiz? ¿De Edmundo Fernández a Roger Capella? ¿De Arnoldo Gabaldon a Ana Luisa Osorio? ¿De Juan Pablo Pérez Alfonzo a Rafaél Ramírez? ¿De Andrés German Otero a Nelson Merentes? ¿De Rafaél Alfonzo Ravard a Hector Ciavaldini o Alí Rodríguez? ¿De Manuel Pérez Guerrero o José Antonio Mayobre a Jorge Giordani? De Mauricio García Araujo a Tobias Nóbrega? Cooooooño!

¿De José Antonio Pérez Díaz a Pedro Carreño? ¿De Haydee Castillo a Iris Varela? ¿De Leopoldo García Maldonado o Francisco de Venanzi a Trino Díaz? De Domingo Alberto Rangel a Darío Vivas? Coooooño!

De Rómulo Betancourt o Rafael Caldera o Raúl Leoni a Hugo Chávez? Perdonen la expresión pero: coooooooño!

Lo que tenemos en Venezuela no es una revolución. Es una horrorosa involución, mediante la cuál vamos de un país que parecía estar en franco camino hacia el progreso, a un país que se está hundiendo en el pantano del atraso y de la dictadura.

Y si José Vicente Rangél cree que se va a salvar de una comparación desfavorable, ¿qué le parece Luis Esteban Rey? Rey fue lo que usted nunca fue: un periodista honesto. Cooooooño!

November 13, 2007

Luis Herrera Campins

Simon Bocanegra

El recuerdo más lejano que este minicronista tiene de Luis Herrerra Campins se remonta a 1950, en plena huelga universitaria contra la junta militar presidida por Delgado Chalbaud pero en la cual ya Pérez Jiménez insinuaba la que habría de ser su dictadura. Era yo estudiante de primer año de Medicina y en el auditórium del Instituto Anatómico, en la Ciudad Universitaria, se realizaba un acto con intervención de los líderes universitarios de entonces. Allí escuché por primera vez al futuro presidente. De todos los oradores de esa tarde, que incluían entre otros al legendario “Escalera” Rodríguez, quien más me impresionó fue Herrera Campins. Nunca he olvidado la bella semblanza que hizo de Armando Zuloaga Blanco, universitario del 28, miliciano del “Falke”, muerto en la batalla de Cumaná, y a quien presentó como paradigma del estudiante comprometido con su pueblo, con la democracia y con la liber! tad. De hecho, medio siglo después, es lo único que recuerdo de ese acto. Lo que nos dijo fue que por la libertad y la justicia todo riesgo debía ser asumido. Fue electrizante. Después lo conocí personalmente, como dirigente de su partido y como presidente, pero, por encima de todo, como ser humano. Su bonhomía llanera, su natural campechano, su sentido de la tolerancia, la chispa de su ingenio, la cultura honda de su formación y la serena dignidad con la cual sobrellevó la terrible enfermedad que terminó quitándole la vida así como la mezquindad con la cual fue tratado por el régimen actual, quedan como parte de su más preciado legado. Además, murió pobre, muy pobre, lo cual, en este país, en quien ocupó su primera magistratura, constituye toda una definición humana y política.