La traición de Chávez y el chulismo uruguayo

Publicado sin permiso del autor, con la única finalidad de difundir.

Esta nota es desgarradora, imaginarnos por un segundo estar en los pies de esta familia corta la respiracion. Pero en realidad tal como lo expresa el autor, su suerte no es unica, muy por el contrario es la suerte de tantos miles de Venezolanos que dia con dia tienen que sufrir el desgobierno venezolano. La tierra del rey SADIM, quien vuelve mierda todo lo que toca.

2 Abril, 2011

No se lo deseo a mi peor enemigo: que su nieto sea picado por un alacrán y no encuentre a su alrededor quién lo atienda. Ningún ambulatorio cuenta con el suero que paralice la acción del veneno y evite que le afecte el páncreas y lo suma en un grado de envenenamiento severo. Que Dios se compadezca de usted si el seguro con que cuenta no es aceptado por la clínica a la que lo lleva y que en el colmo de la desvergüenza y la insolencia exija noventa y cinco mil bolívares de ingreso por atenderlo.

Créame: si no dispone de unos realitos, un compadre generoso o un patrón que se compadezca – y no tiene más que un par de horas para conseguirlos – su nieto se le morirá en los brazos. Sucede en la Caracas de hoy, en la Venezuela de hoy, en plena revolución bolivariana del siglo XXI. Y nadie puede desmentírmelo, pues me sucedió a mí. Y no hace un año ni hace una década: me sucedió ayer, a las dos de la tarde, jueves 341 de marzo de 2011. Mientras estrujaba los ahorros para pagar mis impuestos.

Mientras lo hacía y antes de enterarme de la dolorosa experiencia de mi bien amado nieto, leía en los periódicos del día que esos impuestos con los que el SENIAT me esquilma, así como los ingresos petroleros de la patria en que ese nieto vio la luz del cielo no están destinados a mejorar los sueldos de enfermeras y enfermeros, a mejorar los salarios de los médicos, a actualizar, renovar y potenciar las instalaciones hospitalarias, a asegurar la vida de nuestros niños dotando a todos los ambulatorios de zonas susceptibles de los terroríficos ataques de esas especies de los sueros, medicinas y otros rubros necesarios para salvarle la vida a nuestros humildes habitantes.

De ninguna manera: van a engrosar la necesidad de seguir inflando el ego colosal, descomunal, apoteósico, interplanetario del infame teniente coronel que destruye y traiciona a nuestra Patria, entregando sus niños, adolescentes, madres y padres al hampa desbordada, a la pobreza inmisericorde, a la soledad y la desasistencia. A los 53.000 millones de dólares que hasta ayer le regalara a Nicaragua, a Cuba, a Bolivia, a Ecuador, a Argentina, a Brasil, a Irán, para garantizar la expansión de sus delirios y extravagancias, deben sumarse los diez millones de dólares que le regaló hace unas horas al Uruguay para que pongan en marcha la mejoría de un par de hospitales.

¿Y nosotros, los venezolanos? ¿Obligados a pagar noventa y cinco mil bolívares por obtener el ingreso a un cuarto de una clínica caraqueña? Chávez y su pandilla de ladrones y estafadores no tienen remedio. Son la canalla golpista, la depredación desatada, el robo, el estupro, la violencia. Allá los venezolanos que sumidos en su ignorancia les siguen los olores.

Pero la oposición está obligada a proponer soluciones, rápidas y radicales. Luchar ya mismo por una mejoría del sistema de salud y comprometerse con alma y vida en darle salud, justicia, seguridad, cultura y educación a nuestros hijos. Quien sea que asuma las riendas del país, que nos asegure que un simple y menudo escorpión no acabará con las esperanzas de una vida. ¿Será posible?

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