Los miserables

Por Carlos E Méndez

26 Cuando creció el trigo y se formó la espiga, apareció también la mala hierba. 27 Entonces los labradores preguntaron: ‘Si la semilla que sembramos en el campo era buena, ¿cómo es que ha salido mala hierba?’ 28 El Señor les respondió: ‘Un enemigo ha hecho esto.’ ‘¿Quieres que vayamos a arrancar la mala hierba?’ 29 El les dijo: ‘No, porque al arrancar la mala hierba podéis arrancar también el trigo. 30 Es mejor dejarlos crecer juntos, hasta la siega…”

Estos diez años de desgobierno nos han servido a los venezolanos para aprender la Parábola del trigo y la cizaña. Para distinguir a los unos, y a los otros; al hombre de bien, del indeseable. Era necesario que transcurriera todo este periodo de tiempo para verlos crecer juntos y hallar las diferencias. De otra manera no habría sido posible hacer la distinción.

Un periodista y resentido político que sin piedad cuestionó los males propios de la democracia y conspiró toda su vida contra la IV-R, acabó su carrera política arrodillándose ante un militar autócrata que no siente el mínimo respeto por la democracia, ni mucho menos por sus tarifados. Lo salieron sin pena ni gloria del penúltimo escalón de Miraflores.. Nadie le cree, ni lo escucha, ni lo lee.

El padre de la criatura, que descargó todo su odio contra la democracia hasta que la vio desangrarse el 11 de Abril. Espantado después de lanzar la primera piedra, escondió la mano y se retiró de la escena. A estas alturas ya nadie le cree por mucha razón que tenga. Hay pecados de muerte, no porque Dios no redima, sino que el sujeto por estar mirando hacia atrás, queda petrificado como la mujer de Lot.

Un profesor que vivió durante la IV-R saltando de rama en rama y de partido en partido, hoy podemos aseverar que no es un demócrata, sino un muñeco de cuerda que baila el son que le pongan, sea que la música provenga de la democracia o de Al capone los discos. En pocas palabras, se trata de un político de oficio, pero sin escrúpulos, a quien le da igual detentar el poder en democracia o en dictadura.

El trisoleado que anunció a la nación y al mundo que Chávez había firmado la renuncia porque el Alto mando se lo exigió a raíz de la masacre de Miraflores, a las 24 horas ya había cambiado la versión. La revolución lo premió con otro sol y con un exilio dorado en la embajada de Venezuela en Portugal donde nacieron sus ancestros.

El más despreciable de todos los golpistas del 4 de Feb., que dice haber fingido de “cuerda floja” dentro de la oposición con el cuento de la “gallinita clueca”, a la hora de la verdad verdadera, o sea, de la masacre a la población civil durante la marcha a Miraflores, arrugó y se lavó la manos como Pilatos lavó las del. Aseguró y perjuró públicamente que “Chávez es un criminal con una mente perversa”. Al cabo de algunos meses fue nombrado embajador en la ONU por ese mismo régimen delincuencial que él denunció la madrugada del 12 de abril del 2002.

Un empresario que parecía ser un líder muy equilibrado, resulto ser un necio, al punto de encabezar el gobierno más breve que haya tenido Venezuela. Su ambición oculta y su torpeza dieron al traste con las esperanzas de una sociedad a la que le propinó un durísimo golpe bajo. Ella puso los muertos; mientras que él, puso la torta.

El militar que saltó a la palestra pública por traer de regreso al “monstruo de la laguna negra”, ha debido salir más bien en defensa del pueblo que caía bajo la artillería de los francotiradores de Miraflores y de los gatillos alegres de Puente Llaguno. Si los francos hubieran sido policías metropolitanos o gente de la oposición como se le ha querido vender al país, habrían liquidado a los “héroes” de la revolución que de espaldas a los edificios disparaban a sus víctimas inocentes. Pero este general le prestó poca importancia a la sociedad civil, quizás porque a los militares se les educa en los cuarteles, qué ellos son primeros, segundos sus familias, y terceros, los demás. Primero estaba su compañero de armas, aunque se haya tratado de un genocidio. La historia nos recuerda que, “Mal paga el diablo a quien bien le sirve”.

Un famoso psiquiatra ex rector de la primera casa de estudios de Venezuela, que durante los primeros años del proceso estuvo abiertamente resteado con la revolución “bonita”, finalmente resultó inculpado de mala praxis por la muerte de una de sus pacientes. A este psiquiatra que se jactaba de ser el médico de cabecera de los presidentes, no le dieron tiempo de revelar sus más íntimos secretos.

Estos son algunos de los más connotados personajes de la leyenda negra de la revolución socialista del siglo XXI. Las restantes malas hierbas, el país los recordará como satélites artificiales sin brillo propio, que le rindieron adoración al dios bufo que los encandilaba con una de sus mayores virtudes: La miseria.

cem_publicidad@hotmail.com

Carlos E Méndez

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