Guayoyos de Gisela

Por Soledad Morillo Belloso

Primer guayoyo. 7: 30 a.m. Gisela cumplió este año treinta y déle. Nadie sabe cuánto es el déle. Pero la cuenta se la sacan facilito, pues nomás cumplió 18 corrió a hacer dos cosas: a sacar su licencia de conducir y a inscribirse para poder votar en las elecciones en las que Lusinchi ganó. Es decir, 1983. Gisela voto por Lusinchi, aunque ahora lo niegue. A ella le llegó lo de “Jaime es como tú”. Claro, luego Jaime puso la torta. Ella no se dio cuenta hasta que Jaime dejó la presidencia. Claro, ella es inocente de todo lo que ha pasado en este país. Como dijo Moravia: “Curiosamente, los votantes no se sienten responsables de los fracasos del gobierno que han votado”.

Segundo guayoyo. 8:00 a.m. Gisela aún no decide si ir a votar o no. Llueve. ¡Uf, qué flojera! Su marido salió a correr en el parque. Los chamos duermen. Nadie molesta. Es el paraíso terrenal. Enciende la tele. El reportero ese, el bonito de los ojos catires, da un parte desde un centro de votación. Hubo un seisporocho entre unos electores que estaban en cola, y unos ciudadanos que trataron de democráticamente impedir que los electores votaran. No fue conversadita persuasiva, sino batalla campal de lecos heridos. Se armó una sanpablera.

Tercer guayoyo. 8:30 a.m. Gisela llama a amigos. Juan está en la cola para votar; Daniel se está vistiendo para ir a votar; Pedro dice que él no va, y le recita la letanía del abstencionista; Adela aún no se decide; Julián le dice que él ni sabía que había elecciones, que está en la playa y preparando arepas y perico.

9:00 a.m. Gisela llega al centro de votación. El de la cazahuellas quiso marearla. Luego falló la máquina de votación, y le dijeron que lastimosamente no podría votar. Armó un lío de quinto patio que se escuchó en Pekín. El testigo de la oposición se batió por ella. Se sentaron en el piso hasta que el técnico recompuso la maquina. Dos horas más tarde consigue votar. Revisa escrupulosamente su papelito. Luego de asegurarse que sus votos fueron los correctos, lo deposita en la urna.

12:00 m. Gisela vuelve a casa. Su marido bebe guayoyo. Se asombra cuando ella le dice que viene de votar. “Mi amor, sí, fui y voté, y tú también deberías ir. Venezuela no necesita mártires, necesita héroes. Necesita gente dispuesta a luchar por el país. Ah, y avísale a los compadres que no habrá parrilla está, que vine a preparar sanduches para los testigos de mesa, y me regreso al centro de votación. Sácame los termos, que hace falta mucho guayoyo. Si hay que amanecer, amaneceremos”.

smorillobelloso@gmail.com

Concejal El Hatillo – UNT

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