La telenovela más importante del mundo

MOISÉS NAÍM La carrera hacia la Casa Blanca

La telenovela más importante del mundo

MOISÉS NAÍM 07/09/2008

Esta telenovela lo tiene todo: maridos infieles, adolescentes embarazadas, la mujer pobre que se enfrenta y derrota a los caciques de su pequeño pueblo y que decide tener un quinto hijo aun sabiendo que tendrá síndrome de Down. También está la joven blanca de 18 años que se enamora de un atractivo negro africano que pronto la abandona dejándola con un pequeño hijo. A este hijo —uno de los actores principales de la historia— el destino le depara sorpresas inimaginables. El otro personaje principal de la telenovela es el descarriado descendiente de una prestigiosa familia de militares que termina por ir a una remota guerra donde es capturado y salvajemente torturado por el enemigo. El héroe se salva, regresa a la vida civil y deja a su esposa para casarse con la bella heredera de una enorme fortuna. Tienen varios hijos y además deciden adoptar una niña huérfana de Bangladesh. Esto último permite que hasta la madre Teresa de Calcuta haga una breve aparición en la historia (la niña adoptada proviene de su orfanato).

Como en toda buena telenovela, no puede faltar la furia desatada por la naturaleza: huracanes que interfieren en los planes y que para muchos no son sino una señal de Dios, que por estar siempre en los labios de los principales actores de esta telenovela a veces pareciera que fuese uno más de los protagonistas. De hecho, algunos de los actores suelen insinuar que sus decisiones son guiadas por la voluntad divina.

Éstas no son sino pinceladas de la fantástica trama de la telenovela más exitosa de estos tiempos: las elecciones estadounidenses.

Cada uno de los dos últimos capítulos de la telenovela —el discurso de Barack Obama a la convención demócrata y unos días después el de Sarah Palin, candidata a la vicepresidencia del Partido Republicano— atrajo más televidentes que la apertura de los Juegos Olímpicos. El éxito de toda serie televisiva depende de motivar a los espectadores a ver el capítulo siguiente. ¿Y quién no está interesado en saber cuál es el desenlace de esta telenovela, es decir, en saber quién será uno de los hombres más poderosos del mundo? Y si bien es divertido burlarse del melodrama electoral estadounidense, la verdad es que todos sabemos cuánto está en juego, no sólo para Estados Unidos, sino para el mundo. Ésta no es una elección más. La lista de situaciones determinantes para el futuro de la humanidad que se verán afectadas por las decisiones del próximo inquilino de la Casa Blanca es larga y causa temor. De la grave crisis económica al cambio climático y del posible terrorismo nuclear al coste de los alimentos, los problemas que este hombre tendrá que enfrentar son graves y nos afectarán a todos. Además, y como reflejo de estos tiempos, muchos de estos problemas son nuevos. Y esto último es en sí mismo un problema: con demasiada frecuencia están pasando cosas nuevas y excepcionales para las cuales el pasado no nos ha preparado. Esta permanente avalancha de situaciones nuevas y difíciles ha creado en todas partes un gran apetito por lo ya conocido, por lo normal. Esto quizá explica el sorprendente entusiasmo que ha suscitado la candidatura de Sarah Palin a la vicepresidencia. Según la columnista republicana Peggy Noonan, Palin atrae porque irradia “el poder de lo normal”. Además, los guionistas de la candidata tuvieron enorme éxito en presentarla a los televidentes como la persona que encarna y entiende los problemas de todos aquellos que tienen problemas normales.

¿Cómo explicar, si no, el entusiasmo por tener a una persona tan inexperta en un cargo tan importante? Palin puede presidir la superpotencia si John McCain es electo y luego le pasa algo que lo incapacita. Y Palin hace poco reconoció: “La verdad es que no me he centrado mucho en la guerra en Irak”. Cuando le preguntaron sobre la vicepresidencia, dijo: “No puedo contestar esto hasta que alguien me explique qué es lo que hace el vicepresidente”.

A esta telenovela le faltan varios capítulos y los próximos dejarán de centrarse exclusivamente en el aborto, el creacionismo o el derecho a portar armas. Tratarán más bien sobre las diferencias que hay en la manera en que los candidatos se proponen resolver problemas muy concretos. Serán más sobre políticas públicas que sobre pasiones humanas y dramas familiares. Y, por lo tanto, serán más aburridos. Pero de lo que en ellos pase depende el desenlace de la telenovela. Y el futuro del mundo.

mnaim@elpais.es

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