Soy Pitiyanki

Por Charito Rojas

“Mejor es callar y que sospechen de tu poca sabiduría
que hablar y eliminar cualquier duda sobre ello”.
Abraham Lincoln, 16 Presidente de los Estados Unidos
(1861-1865).

Estados Unidos, el primer país en casi todos los índices mundiales, aunque eso pese a algunos envidiosos incapaces de entrar en ningún ranking positivo, ha sido un pionero desde que se constituyó en país libre hace 232 años. Pioneros en desarrollo, en tecnología, en deportes, en organización política y ciudadana. Tal vez por su supremacía, sobre todo después de que el comunismo fracasó estrepitosamente y se vino abajo la Unión Soviética en l991, el país del norte ha actuado como el policía mundial, interviniendo en asuntos internos de terceros países. Así, el coloso líder en movimientos de derechos civiles ha puesto sus grandes tortas metiendo sus narices para poner orden en casas ajenas. Ejemplos de ello son Vietnam -su más grande fracaso-, Afganistán e Irak, de donde no haya como salir. Al lado de la terrible bomba atómica de Hiroshima, Estados Unidos exhibe en su historia la conquista del espacio e innumerables iniciativas científicas que han hecho más grata la estancia de los hombres en este planeta.

Quien conozca los Estados Unidos sabe que es tierra de buena fe y de respeto a las libertades civiles. Sin ser Disneylandia, Estados Unidos es lo más parecido a una democracia con estado de derecho que hay sobre la sierra. Por algo tiene 12 millones de inmigrantes ilegalesÖ y casi 800.0000 de ellos son compatriotas que huyen del horror en que se ha convertido nuestro país en los últimos diez años. øQué buscan en estas tierras muchas veces frías de temperatura y de humanidad? La respuesta más frecuente de los inmigrantes venezolanos es: seguridad y futuro.

Cuando vemos a quien se cree dueño de Venezuela hablar bolserías sobre “el imperio”, los “gringos” y últimamente hacer su favorita de la despreciativa expresión “pitiyanki” (del francés “petit” y el americanismo “yanki”), concluimos 1) que este pobre hombre jamás ha disfrutado de las ventajas del “american way of life”; 2) que hay que enseñarle a respetar a un país que ha sabido alcanzar su desarrollo, cosa que él no ha podido ni siquiera atisbar después de 10 años en el poder y 700 mil millones de dólares dilapidados en una delirante revolución; 3) que la paranoia antigringa es tan peligrosa que puede acabar con la sociedad con Estados Unidos, que todavía sigue siendo el primer cliente de lo único que exporta Venezuela, el petróleo.

A quienes, siguiendo la desquiciada conducta de odio hacia un país con el que tradicionalmente Venezuela ha tenido excelentes y convenientes relaciones comerciales y de amistad, hay que informarles de unas cuantas odiosas verdades: el jeans que visten lo patentó el señor Levi Strauss en 1873; el bombillo que los alumbra lo inventó Thomas Alva Edison en 1876; el teléfono por el que hablan lo inventó Míster Graham Bell en 1876 y el aparato de radio en 1906 por Mr. Lee De Forest; el láser del bisturí de médicos y odontólogos, de las lectoras de los equipos de sonido, del cine, las miras y de mil usos más es descubrimiento de Charles Townes y Arthur Schawlow en 1960; sus carros tienen cauchos gracias a Mr. Dunlop (1888) y Mr. Goodyear (1839), por no hablar de los aportes de Mr. Henry Ford ( 1908) a sus vehículos. A quienes les gusta una fría, den gracias a Mr. Jacob Perkins (1834) que patentó el refrigerador; la magia de los ascensores se debe a Mr. Otis y cuando se afeite no olvide que la hojilla la inventó Mr. Gillette. Al antiimperialista que nos gobierna, que no olvide que gracias a los hermanos Wright él puede surcar los cielos de un lado a otro. Esto por mencionar sólo algunos de los miles de aportes norteamericanos a nuestra calidad de vida.

Las diferencias que se puedan tener con la conducta o acciones del gobierno norteamericano, deben ser solventadas por vías diplomáticas. Como lo hacen los países civilizados. La vía de la ofensa, de la descalificación y sobre todo del desconocimiento de la grandeza de los Estados Unidos sólo puede esperarse de quien, en lugar de tomar los buenos (y sólo los buenos) ejemplos de desarrollo del primer país del mundo, se fija en un país depauperado por una revolución comunista cuyos números hablan de su fracaso. Mientras Estados Unidos es el primer país del mundo en calidad de vida, Cuba es una sociedad mutilada en sus derechos humanos y económicos. En 1958 Cuba era el tercer país en reservas monetarias en América; el tercer productor cárnico de Latinoamérica (hoy los cubanos tienen derecho a un kilo y medio de carne cada cuatro meses); de acuerdo a su número de habitantes, en 1958, Cuba tenía el tercer lugar en vehículos privado, el tercer lugar en número de teléfonos, el segundo en posesión de aparatos de radio y el primero en televisores. Cuando Castro llegó en 1958 al poder, los empleados cubanos poseían el cuarto mejor ingreso mundial. Hoy, el mejor ingreso de la isla es de los médicos con 30 dólares, mientras que un obrero gana 10 dólares al mes. En 1958 Cuba era el segundo productor mundial de caña. Ahora es el noveno. Había 160 radioemisoras y 32 periódicos. Hoy sólo hay radios y televisoras del gobierno y el oficialista diario Gramma. Ah, y el periódico del partido comunista. Hace apenas un par de meses se ha permitido restringidamente el uso de Internet y de teléfonos celulares. Bajo el mando de Fidel Castro sólo un índice ha subido: el de las jineteras, que pasaron de 10.000 en 1958 a 100.000 en la actualidad.

Si ser pitiyanki es amar la libertad y el progreso, la ciencia y la excelencia, entonces soy una venezolanísima pitiyanki. Prefiero que mis hijos estudien en Harvard antes que en la Universidad Bolivariana, que tengan los modales de Clinton y no de Mario Silva; que mi país tenga la limpieza de Miami y no la de Petare; que mis derechos sean respetados como regla y no como excepción. Fíjense si tengo razón que la colonia de ranchos antiimperialistas que desgraciadamente habitan la cabeza del pro castrista de Miraflores al parecer no afecta el gusto pitiyanki de sus secuaces, a quienes encanta un viaje a Las Vegas (øverdad Calixto?) o a Nueva York (øno es así, Darío?) y lloran a moco tendido cuando les niegan la visa para llevar a los muchachos a Disneyworld.

La bandera del antiamericanismo históricamente solo la han portado los resentidos que no han sabido sacar su vida y su país del atavismo de la ignorancia y el atraso. Sólo quienes son incapaces de seguir los mejores ejemplos los atacan mezquinamente. Lo de Honduras fue el mejor vistazo a la miseria mental y moral de quienes gobiernan a estos pobres países, sin ninguna esperanza de futuro mientras sigan en manos de los peores.

Nota: A quienes después de leer este artículo me manden a vivir para Miami, yo los mandaré a vivir a Cuba. Veremos quien sale perdiendoÖHasta el próximo miércoles.

charito@movistar. net.ve

2 Comments to “Soy Pitiyanki”

  1. x q no te callas!
    x q no te callas!
    x q no te callas!
    x q no te callas!
    vete pal miami
    vete pal miami
    vete pal miami
    vete pal miami

  2. El q se rasca es porque le pica, te mandan a callar pq dices la verdad… porque la verdad duele…

    totalmente de acuerdo con lo que dices!… por mi vente a Miami con el resto de los pitiyankis q aqui hemos logrado tener una vida mejor que alla al 200% y dejalos q se sigan revolcando en la miseria q ellos mismos crearon y siguen cultivando.

    un abrazo…

    Andrea

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