Recordando al Holocausto

Por Mercedes Montero

En la Europa que vivió los horrores causados por el Nazismo de Hitler, han quedado testimonios que nos hablan con elocuencia extrema sobre una de las páginas de salvajismo más cruento ocurrido durante la II Guerra Mundial..

Uno de estos testimonios está en el Museo Liberty, ubicado en Overloon en Holanda. Pueblo hermoso este, como todos los de este bellísimo país, lleno de casas con jardines plenos de flores que en la oportunidad de su visita mostraban su colorido bajo un brillante sol de Primavera. El museo está en un bosque en el centro del pueblo, permitiendo la conjunción de naturaleza, construcción y equipo bélico. Paz y guerra en un solo paisaje, expresión de la contradicción humana.

En las afueras del museo hay tanques, estructuras de observación, cañones, etc. representativos de todas los países que participaron en la conflagración mundial, en bastante buen estado a pesar de haber sufrido los rigores del tiempo por más de cinco décadas. Luego está el edificio enorme del museo en el que hay toda clase de armamento, vehículos, uniformes y demás parafernalia militar, perfectamente organizado y en excelente condición. En este museo está el pabellón que el General Marshall regaló a Holanda por su contribución y esfuerzo para lograr la victoria.

El museo tiene un pabellón muy especial, dedicado a las víctimas de la II Guerra Mundial, con énfasis en el Holocausto. Las paredes de ese pabellón están cubiertas de noticias, fotografías, dibujos reproducciones de cartas, informes que hablan del sufrimiento humano. Hay fotografías de fusilamientos, de gente llevada al horno, de las cámaras de gas, de los campos de concentración, de los ejércitos de esqueletos ambulantes, de las caras cadavéricas, de las expresiones de profunda tristeza y dolor. De ojos y miradas que relatan una historia de vejación.

De los suicidios, pobres presos cuyo dolor pudo más que el temor a Dios. De las pilas de cadáveres, de los trenes cargados de seres cuyo único destino era la muerte. De niños que habían perdido la esperanza, de viejos que habían perdido la sabiduría, y la gran mayoría reflejaban como común denominador la imagen del sufrimiento que se adopta después de haber rendido todos sus derechos, contando entre ellos la dignidad.

En el medio de este pabellón están colocadas esculturas que representan los esqueletos forrados en piel de los seres famélicos, de los suplicantes, de quienes se ahorcaron, de los fusilados, de los obligados a tener una conducta servil, de los torturados, esas esculturas hablan por si solas, con una elocuencia que no necesita palabras.

Todas estas pruebas nos hablan en forma clara, que no deja lugar a dudas, que los campos de concentración quedaron sembrados de muerte, de tristeza, de un temor que va más allá de la razón. Es el Holocausto de Ana Frank, por sólo nombrar a alguien que tiene un dejo de recuerdo en la mente de millones de seres humanos.

En la conciencia colectiva de todos los países actores del conflicto quedó escrita la historia del sufrimiento. Todas las naciones que sellaron la libertad con millones de muertos, con heridos y mutilados, con sangre derramada, con la destrucción y la miseria, con huérfanos y viudez, sencillamente NO pueden echar al olvido una lección como la recibida, que los hizo crecer como naciones.

Alemania todavía pide perdón y siente vergüenza. El pueblo judío perdió seis millones de almas. Asimiló una lección que hoy en día los ha llevado a tener uno de los ejércitos más poderosos del tiempo actual. Aunque todo los demás pretendieran borrar su memoria, que no es el caso, el pueblo judío no permitirá que el Holocausto quede borrado. .

Pretender negar el Holocausto es lo mismo que decir que los juicios de Nuremberg no se dieron, que los culpables del genocidio no fueron juzgados, que no existe la Corte de La Haya.

Del Holocausto, del exterminio, del dolor, también salió Su Santidad Juan Pablo II, uno de los mejores ejemplos de amor que haya conocido el género humano, quien también selló la historia del Holocausto con su ejemplo de perdón y de creencia en la bondad que nos ofrece Cristo.

Los campos de Europa están cubiertos de cruces, de lápidas que muestran los nombres, nacionalidades y edades de los soldados que lucharon por una causa que consideraron justa. En el cementerio de Arnhem, hay una lápida que muestra a un Mayor de 37 años como el de más edad de los enterrados.

No reconocer esas muertes y su causa, negando el Holocausto, es pretender que esas muertes y el dolor sufrido no ocurrieron, es negar la historia. Sólo se entierran los cadáveres. Las ideas, los principios, las experiencias y el aprendizaje NO pueden ser enterrados.

Disentir, oponerse, disgustarle la verdad lleva a los seres humanos en posiciones contrarias a dirimir sus diferencias, tratando de entender la secuencia y relato de los hechos probados. Tratar de borrar o negar las pruebas es un crimen tan grave como el que están tratando de negar. Es declarar que la justicia no existe.

¡Se puede luchar para detener el sufrimiento, pero no se puede negar lo ya sufrido!

mechemon99@yahoo.co.uk

One Comment to “Recordando al Holocausto”

  1. CRÍMENES SIN NOMBRE DE LA SINARQUÍA CHINA
    Diana Duque Gómez

    La sinarquía es el grupo de personas dueñas del capital financiero, de las corporaciones, de los monopolios, de los grandes negocios y del Estado, que deciden los asuntos políticos y económicos de un país a través de ese Estado. Por naturaleza toda sinarquía es totalitaria y el Estado es su creación e instrumento de dominación y expoliación. Así, el Estado sinárquico cabalga sobre la humanidad. La consecuencia de lo anterior es la destrucción, abierta o velada, del valor supremo del ser humano: la libertad individual.

    El Partido/Estado comunista chino, propiedad de una sinarquía que en este caso está compuesta por la élite del Partido, ha transformado a China en el más gigantesco GULAG de la historia. La ideología totalitaria de tipo estalinista que se impone como pensamiento único a toda la nación ha servido para crear una economía esclavista capitalista muy productiva para los intereses expansionistas de la sinarquía china, lo que ha convertido no a la nación sino a esa sinarquía en una potencia económica. Así, por no existir libertad individual ni libertad económica, en China no hay un mercado laboral y, por tanto, el trabajador, calificado o no, sólo recibe en pago el derecho a sobrevivir en las condiciones mínimas suficientes para mantener su capacidad de trabajo, lo que ha hecho que los costos de producción en China por concepto de mano de obra sean los más baratos del mundo y ante los cuales muy pocos países pueden competir. De este sistema económico esclavista sólo escapan los miembros del Partido que pueden acceder a una mejor calidad de vida a cambio de una complicidad incondicional. Se calcula que el número de miembros o militantes del Partido es de aproximadamente cincuenta millones en una nación que cuenta con más de mil trescientos millones de habitantes. Por eso cualquier pensamiento o actividad independientes, así sean los más inofensivos, que se salgan de lo establecido por la cultura totalitaria son considerados una gran amenaza contra el poder y los privilegios del Partido/Estado y en consecuencia deben ser perseguidos y exterminados.

    Con el silencio cómplice de prácticamente todos los Estados del mundo, Estados sinárquicos que únicamente les interesa beneficiarse de la bonanza económica de la sinarquía china negociando con ella, el gobierno Chino viene ejecutando un sistemático genocidio contra los practicantes de Falun Gong: “se trata de un gigantesco y terrible genocidio que está teniendo lugar ante nuestros ojos y en pleno siglo XXI”(1), manifestó con indignación el abogado español Carlos Iglesias especializado en la defensa de los derechos humanos. Este crimen de lesa humanidad, con honrosas excepciones, no ha sido denunciado por las farisaicas organizaciones de derechos humanos que pululan por todas partes ni por los grandes medios de comunicación que se ufanan de ser “independientes”, obviamente, mientras la información no afecte los intereses de sus dueños, quienes tradicionalmente son parte de la sinarquía. En los llamados Estados “democráticos”, caracterizados por la farsa electoral, los periodistas y los políticos, incluidos los presidentes y los primeros ministros, no son más que los peones de la sinarquía dueña del Estado, cuya impronta es la imbecilidad moral.

    El genocidio de los practicantes de Falun Gong fue denunciado al mundo en un informe realizado por David Kilgour, ex secretario de Estado del gobierno de Canadá para la región Asia Pacífico, y David Matas, abogado canadiense. La combativa revista española Discovery Salud, especializada en temas de medicina holística y alternativa informó en un artículo firmado por Francisco San Martín sobre el genocidio en China en su número 91: “Una ignominia está teniendo lugar en China ante el silencio cómplice y cobarde de la comunidad internacional… En el gigante asiático existen numerosos campos de concentración –denunciados una y otra vez ante las Naciones Unidas- donde desde 1999 han sido internadas más de 800.000 personas, la mayor parte practicantes de Falun Gong según afirman cualificados investigadores independientes. Presos ilegalmente, sin proceso judicial, a los que se ha privado de todos sus derechos y que además –y esto ya clama al cielo- están siendo asesinados para extraerles sus órganos y trasplantárselos a quienes están dispuestos a pagar por ellos”. Señala Carlos Iglesias que “los datos más prudentes indican que a día de hoy más de 50.000 personas han sido ya asesinadas para extirparles sus órganos en algunos casos mientras aún estaban vivas, a fin de venderlos luego al mejor postor en el extranjero”. El informe Kilgour-Matas concluye: “De acuerdo con lo que sabemos ahora –relatan en el informe de fecha 6 de julio de 2006- hemos llegado a la lamentable conclusión de que los alegatos son verdaderos. Creemos que ha habido y así continúa pasando hasta hoy una sustracción de órganos no voluntaria de practicantes de Falun Gong a gran escala. Llegamos a la conclusión de que el gobierno de China y sus agencias en numerosas partes del país, particularmente hospitales pero también centros de detención y ‘Cortes Populares’, han asesinado desde 1999 a un número grande pero desconocido de prisioneros de conciencia de Falun Gong. Sus órganos vitales, incluyendo corazones, riñones, hígados y córneas fueron prácticamente sustraídos simultáneamente de manera no voluntaria para venderlos a precios elevados (…) muchos seres humanos que pertenecían a una organización voluntaria pacífica, declarada ilegal hace siete años por el presidente Jiang porque pensó que podía constituir una amenaza para la dominación del Partido Comunista de China, han sido en efecto ejecutados por médicos para sustraer sus órganos… Los alegatos –señala el informe- también dicen que los órganos son extirpados de los practicantes mientras aún están vivos”.

    Y se pregunta el articulista de Discovery Salud: “¿Y por qué se ceba el gobierno chino en los practicantes de Falun Gong? Es más, ¿Qué es el Falun Gong? Conocido también como Falun Dafa –que puede traducirse indistintamente como Ley de la Rueda o Gran Ley- tiene sus raíces en las tradiciones budista y taoísta y se trata de una practica tradicional china del Qi-Gong –sistema milenario de ejercicios de respiración conocido como el ‘yoga chino’- que rediseñaría el profesor Li Hongzhi, exilado en Nueva York, y cuyo objetivo es mejorar la salud de cuerpo y mente mediante la práctica de diversos ejercicios físicos así como de un determinado tipo de meditación (…) Li Hongzhi pudo registrar en 1992 su movimiento como Falun Gong en la Asociación de Estudios del Qi-Gong. Con tal éxito que a mediados de los noventa declaró tener aproximadamente sesenta millones de practicantes algo que en 1999 corroboraría el propio Ministerio de Deportes chino al estimar esa cifra en setenta millones (…) Sin embargo la creciente popularidad del movimiento dio paso a su persecución… El Partido Comunista Chino hizo publicar un artículo en la revista Ciencia y Tecnología para Jóvenes en el que se afirmaba que el Falun Gong era una superstición… En julio de 1999 no sólo fue prohibido sino perseguido. La escritora Jennifer Zeng -que vivía entonces en Pekín y ahora lo hace exilada en Australia- aseguraría tras haber conseguido información clasificada que a finales de abril del 2001 se había arrestado ya a unos 830.000 practicantes de Falun Gong. Las medidas de fuerza según recoge el informe de Kilgour y Matas, incluyeron la creación por parte del presidente Jiang de una fuerza especial (la oficina 6-10) en cada provincia, ciudad, condado, universidad y departamento gubernamental con el exclusivo fin de ‘erradicar’ el Falun Gong”(2).

    A este horror hay que agregar el genocidio y la aniquilación cultural cometidos por la sinarquía china en el Tibet, donde China invadió ese país y “devastó el pequeño reino de las montañas, destrozando una cultura que había costado miles de años construir… los chinos empezaron por destruir sistemáticamente el budismo tibetano en todo el territorio. Los monasterios fueron arrasados. Los monjes y lamas, asesinados. Muchos antiguos monasterios fueron literalmente hechos saltar por los aires con dinamita o mortero… Textos espirituales de incalculable valor se quemaron o utilizaron como papel higiénico. Se saquearon bibliotecas. Los objetos religiosos se convirtieron en escombros. Templos otrora venerados se usaron como pocilgas o mataderos. Imágenes sagradas de arcilla se redujeron a polvo o sirvieron para hacer ladrillos para la construcción. De los aproximadamente 600.000 monjes que vivían en el Tibet antes de la invasión China sólo sobrevivieron unos 7.000, y por lo menos 100.000 abandonaron el país. A los tres años de la invasión China, el Tibet estaba lleno de cicatrices de las ruinas, semejante a las ciudades bombardeadas de Europa en la segunda guerra mundial.

    “Quizá fuese aún peor que los chinos introdujeran a unos siete millones de chinos Han en el Tibet, convirtiendo a los nativos tibetanos en una minoría en su propio país. Algunos describen esta profanación del Tibet como el holocausto budista. Desde la invasión del Tibet, han muerto aproximadamente un millón doscientos mil tibetanos, víctimas de la violencia, las ejecuciones, la cárcel, la tortura, el hambre y el suicidio. Muchos miles más han huido del Tibet. Luchan por sobrevivir en campamentos de refugiados bajo condiciones de extrema pobreza y privaciones”(3).

    Hasta aquí sólo dos de los peores crímenes sin nombre que se están cometiendo ante la mirada impasible de la sinarquía mundial y sus Estados, quienes para encubrir la monstruosidad y consolidar sus negocios seleccionaron a China sede de los Juegos Olímpicos de 2008, hipócrita símbolo de hermandad internacional.

    ______
    NOTAS:

    (1). http://www.dsalud.com No. 91, Francisco San Martín, “Extraen órganos a decenas de miles de personas para trasplantárselos a quienes pagan por ellos, págs. 23 a 32; 2. Ídem.; 3. Apéndice del editor del libro El secreto tibetano de la eterna juventud de Peter Kelder, Plaza & Janés Editores, Barcelona, 2001.

    Bogotá, 19 de mayo de 2008

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