Sobre el alcalde de Mucuchíes, fallecido en accidente aéreo de Mérida, solo esperabamos el minuto de silencio que nos robo y se lo dio a un narcoterrorista

Querido Presidente:

Me permite usted contarle una breve historia que sucedió hace muy poco en mi Merida. Sí señor Presidente, Mérida, Venezuela.

Bueno, fíjese que, lamentablemente, el 21 de febrero de los corrientes un avión de la Empresa Santa Bárbara trató de desviar su vuelo, y hasta ahora no se sabe quién fue el culpable, si los operadores de la torre de control, o el mismo capitán que, queriendo hacer piruetas de un innegable conocedor, jugó con la vida de sus pasajeros y tripulantes.

Pero el punto es que en el Páramo de los Conejos el pobre vehículo espacial detuvo sus horas de vuelo al chocar contra las fuertes rocas y hacer explosión, llevándose consigo a 46 humanos, 46 personas que, si hacemos un recuento de ellas, profesionales todos, gente valiosa, niñas de 23 y 25 años, trabajadoras, profesionales de la medicina, politólogo, comerciantes, y… un séquito de los más abnegados de su famoso partido, el Alcalde de mi pueblo y su hijo de once añitos: Alexander Quintero y Eisberth. Muchacho brillante, humilde, hacedor y cumplidor de sueños (hoy todos rotos), preparado, cumplidor, un hombre que se adentró en la política sin experiencia alguna y que se hizo de la misma casi un maestro; usted me disculpa, pero no tenía para nada características propias del chavismo.

Ha sido una de las tragedias más conmovedoras por las que hemos pasado mis coterráneos y yo. Las horas de espera se hicieron eternas para saber el paradero y las condiciones de la aeronave. El resultado final: 45 personas incineradas con el impacto y 1 sin ninguna quemadura, el niño ya mencionado.

La pérdida de tanta gente valiosa da mucho qué pensar, obviamente la hora te llega aunque te quites, y si no la tienes ni que te pongas, pero fue una semana y media muy emotiva, muy conmovedora, triste; todos los venezolanos estaban muy al pendiente de la conclusión de la trágica muerte de estas personas. Absortos todos, tuvimos que resignarnos y aceptar que la tragedia se había hecho material.

Le hablaré un poco del Alcalde de Mucuchíes… ¿Usted recuerda que una vez le dio a usted por venir a Mérida? Bueno, este muchacho trató de que su estadía y permanencia en el lugar fuera perfecta, se deshizo en atenciones a su persona y a su personal.

¿Usted recuerda cuando había que estar en Caracas, en las marchas pro-chavistas? Fíjese que llevaba autobuses llenos de gente, hasta refrigerios les daban para que le acompañaran y le gritaran consignas a USTED, cuando se ponía de pie horas y horas en el estrado para hablar pendejadas.

En uno de esos programas donde usted habla y habla sin llevar la cuenta, ojeando su chuleta, y con palabras textuales así lo refirió: ‘Bueno, aquí dice que se perdió un avión en el Páramo… a ver…sí, algunas personas conocidas… bueno… que no vuelva a suceder’ (obviamente, mi querido comandante, un avión puede encontrar una roca de frente, hacer explosión y morir incinerados todos sus tripulantes solamente una vez).

Óigame, señor presidente: …¿eso es todo lo que se le ocurrió decir?? usted, que tiene tanta retórica. Dése cuenta de que eran hermanos venezolanos (bueno, a decir verdad uno era colombiano), ¿a usted no se le pudo ocurrir decir más nada??… Qué lástima me da usted a veces, señor. Un minuto de silencio por las víctimas hubiese sido un punto a su favor, que se le
hubiese visto conmovido, o por lo menos dar el pésame en público, tal vez le sumaría un poquito de aceptación -a la ya desgastada popularidad que posee y que no quiere reconocer-. Es que hasta yo hubiese traicionado mis ideales antirojos para sumarme como Chavista.

Luego, días más tarde, muere en manos de quien sea el colombiano Raul Reyes. Parecía una historieta de Quino: su cara de angustia y de circunstancia. Declara usted entonces un minuto de silencio por la muerte del fulano individuo que NADA tiene que ver con nosotros.

Día a día me cuestiono qué hace un personaje tan atípico como Hugo Rafael Chávez en un país donde le importa un bledo lo que le suceden a sus pobladores.

Huguito, Huguito, te estás cayendo del trono tú solito.

Termino mi triste historia concluyendo que me parece que está actuando un poco equivocado, pero si me permite decirle, ¿sabe? su cochino y pendejo minuto de silencio no hizo falta para nada. A este valioso hombre, el pueblo de Mucuchíes le hizo los honores de corazón, todos lloramos su partida, porque cómo hacen falta unos 25 Alexander Quintero para llevar adelante un país. Así que le dimos e hicimos honor a quien honor merece.

Le deseo mucha salud, mucha vida, para que siga desparramando sus minutos de silencio para quienes usted les califica como merecedoresde un homenaje póstumo.

Claro, si llegara usted a morir, todos los venezolanos sí haríamos un minuto de silencio, pero no llegarían ni a 30 segundos cuando explotaríamos de la risa y de alegría por su partida.

Renata Pirrone Belli.

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