Plagio

humor en serio Laureano Márquez

Quizá habría sido oportuno dedicar la crónica de hoy a la prematura renuncia del Comandante Fidel Castro a la presidencia de Cuba para abrir paso a las nuevas generaciones que encabeza el joven dirigente Raúl Castro. Ya era hora de que entraran caras nuevas en el gobierno de la isla caribeña y justo es reconocer lo que ha señalado con acierto Esteban: Fidel muestra con este gesto su clara determinación de no eternizarse en el poder y su vocación siempre contraria a la reelección. Deseamos de corazón que nuestro dirigente máximo no se contagie de este virus, porque ahora es cuando le queda por hacer en Venezuela para rematar su obra, aunque, vista la velocidad que lleva, seguro que podrá lograrlo en pocos meses.

Bueno, pero no es el tema del que nos ocuparemos. Quien suscribe ha recibido clara recomendación de dos de sus más cercanos asesores, Elizabeth Fuentes y Cesar Miguel Rondón, de iniciar acciones judiciales por plagio. Efectivamente, de una semana a esta parte a ciertos funcionarios del gobierno les ha dado por tomar las bromas que vengo haciendo en mis columnas en este periódico como ideas propias, sin citar la fuente ni cancelar los correspondientes derechos de autor, algo inexcusable para un gobierno que cuenta con todos los reales del mundo.

Hace algunas semanas, señalé que el tema de la delincuencia tenía mucho que ver con los Estados Unidos y el entrenamiento de paramilitares con nombres como Jeffelson, Maddinson, Wilkeman, Kenyde y Guasinton, que hacen de las suyas en la ciudad y sobre todo en las barriadas caraqueñas. Bueno, esta gracia ha sido presentada por algún funcionario como suya, irrespetando el copyright.

Aprovecho para recordar que el chiste de que la escasez de leche es obra de la CIA y que la basura del municipio Libertador la distribuye la Embajada Americana con camiones que salen de su sede en la noche, son de mi autoría. Prohíbo a cualquier funcionario su uso y difusión sin autorización previa. Así también me pertenece el rollin gag de que es Globovisión la que produce la falla en el suministro de harina de trigo al acapararla en sus sótanos.

Asimismo, el viernes 25 de enero próximo pasado difundí esta humorada…. Taaaa tarara ta ta ta tan… ¡Usted lo leyó!: “ha comenzado a cobrar fuerza la sospecha de que tanta capacidad de acción de ustedes (refiriéndome a la CIA) en nuestro territorio podría deberse al hecho de que le han suministrado alguna poción a algún funcionario de muy alto nivel, y cuando decimos muy alto, queremos decir el altísimo mismo, porque de otra manera no se explica tanta metida de pata tan seguido y la facilidad con la que ustedes actúan en todos los ámbitos de la política local.” Esto fue un día antes de que se hiciera público lo de la celebrada mascada de la hoja de coca, acaecida el sábado 26 (apenas un día después… !Qué descaro!) en la Cumbre del ALBA.

Creo pues, señores funcionarios del Estado, vigilantes de la legalidad y el respeto a las normas, que he ofrecido suficientes pruebas de que me están robando los chistes, que son mi fuente de supervivencia y el sustento de mi familia. Exijo un amparo por violación de mis derechos de autor y de mi derecho al trabajo así como la exhaustiva revisión de las fechas de mis escritos y su contraste con la fecha de las declaraciones de los funcionarios para que no quede duda de la justicia que me asiste. Así como también, exijo que volvamos al clima de respeto con el cual habíamos venido conviviendo en el cual los humoristas respetábamos las bromas del gobierno y el gobierno las nuestras. Quien suscribe, por ejemplo, no tiene problema en reconocer que la genial salida de que los paramilitares venden la droga por debajo del precio del mercado no pertenece a ningún humorista y es enteramente obra del genio de Esteban, cuya capacidad para golpes y lances de este tipo reconocemos sin ambages.

Como dijo el camarada Jesús de Nazareth, luego de apagar el tabaco: “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” o, dicho de otra manera: “De cada cual según sus capacidades, a cada cual según sus necesidades” (Simón Bolívar).

Magistrados: espero justicia.

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