Aunque juren y perjuren

Un aspecto poco comentado del proyecto hegemónico del Socialismo del Siglo XXI es el afán de borrar todo referente de los primeros 500 años de historia de Venezuela y, sobre todo, de los 40 años de la IV República. De todo se vale el Gobierno a la hora de dar un paso adelante en el forjamiento de ese “hombre nuevo” que se requiere para consolidar la revolución.

Desde el principio el Gobierno dio indicios de no parar en ninguna acción por muy arbitraria, ilegal o descabellada que ésta pudiera lucir.

Así, arbitraria e intempestivamente sacó de la dirección del Museo de Arte Contemporáneo a su fundadora, la Sra. Sofía Imber, a la vez que mezquinamente le quitó su nombre al Museo del cual fue propulsora por décadas.

En 2003, el presidente Hugo Chávez, consideró que la conmemoración del 12 de octubre como “Día de la Raza” era una ofensa para los pueblos indígenas y, en consecuencia, decidió transformar el objeto de la celebración y renombrarlo “Día de la Resistencia Indígena”, con el propósito de hacer alusión a la resistencia de los nativos frente a los conquistadores.

En esa onda “descolonizadora”, se desmontó la réplica de la Nao Santa María, una de las tres carabelas de Cristóbal Colón, que estaba en el Parque del Este para sustituirla por el Leander, uno de los tres barcos donde viajó el Prócer Francisco de Miranda. Y peor, con la apacibilidad de las autoridades, un grupo de afectos al Gobierno destruyó la estatua de Cristóbal Colon en Plaza Venezuela.

El Gobierno también se ha dado a la tarea de renombrar avenidas, plazas y parques en todo el territorio nacional, para eliminar referentes políticos del pasado, y cambiarlos por “los próceres del comunismo mundial”, donde Carlos Marx, Lenín o el Ché Guevara han sido los preferidos.

Con esa idea de querer borrar la historia se le agregó un estrella más a la Bandera Nacional, se le dio un giro hacia la izquierda al caballo blanco del Escudo, y se cambiaron los textos escolares para enseñar la historia a la manera bolivariana. Ni que decir de los avances para controlar la industria del cine nacional a través de Villa del Cine, o la radioeléctrica con el cierre de RCTV y la profusión de radios y televisoras del Gobierno.

Otro ejemplo de este “borrón” a la historia son los intentos de eliminar a Rómulo Betancourt de la memoria de los venezolanos, no sólo quitándole su nombre al Parque del Este, sino obviando toda referencia del ex Presidente de las páginas informativas del Gobierno.

Del acoso sostenido del Gobierno en contra de la culltura, no se ha escapado el legendario Ateneo de Caracas, ni las organizaciones artísticas independientes como el Ballet Contemporáneo de Caracas, Fundafolk, Macrodanza, la Escuela Nacional de Danza, y el Grupo Teatral Theja. Estas últimas recibieron orden para desalojar sus sedes en el Teatro Alberto de Paz y Mateos, donde venían operando por años.
Aunque el Gobierno jure y perjure a los cuatro vientos que en Venezuela se vive en un régimen de libertades, las costuras totalitarias y controladoras se le ven por todos lados.

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