Pan

Jose Toro Hardy

La Revolución Francesa estalló por falta de pan. Esta caricatura que pretenden llamar “revolución bolivariana” sucumbirá por falta de pan.

Montesquieu, Voltaire y Rousseau representaron la llamada Ilustración y fueron los padres que aportaron el sustrato ideológico requerido por la Revolución Francesa. En la misma, la burguesía puso fin a la monarquía absolutista y desplazó del poder a la aristocracia, generando profundos cambios políticos, sociales y económicos.

 

En la fase inicial de la Revolución, la Monarquía Constitucional -entre 1789 y 1792- se aprobaron ideas trascendentes como la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano -estableciendo los principios de libertad, igualdad y fraternidad- así como la primera Constitución de Francia.

La segunda fase fue conocida como el Gobierno de la Convención -entre 1793 y 1794- cuyo momento culminante fue la época del Terror encabezada por Robespierre, donde unas 16.000 mil personas fueron guillotinadas y 25.000 más perecieron. Finalmente el propio Robespierre fue a la guillotina. Eso suele ocurrir.

Aquella Revolución de las ideas que tan profunda repercusión tuvo en la humanidad, quizás no hubiese llegado a ocurrir de no ser por una circunstancia que afectó al pueblo: la falta de pan. El pueblo no tenía ideología, lo que tenía era hambre.

Más allá de los hechos políticos cruciales previos, el detonante que desencadenó los sucesos del 14 de julio de 1789 y que culminaron con la Toma de la Bastilla, fue la falta de pan, de harina, de azúcar, de huevos, manteca y de otros alimentos, así como la inflación.

El 14 de julio las panaderías de París amanecieron sin pan. El pueblo enfurecido salió a las calle y decidió asaltar la fortaleza de la Bastilla. Cuatro prisioneros fueron liberados. Así estalló aquella revolución.

De manera parecida podría terminar esta revolución (con “r” mi- núscula) que está devastando a Venezuela. En lugar de libertad, igualdad y fraternidad, nos ofrecen populismo, corrupción e ignorancia.

La actual “ilustración” son hombres cuya incultura resulta abismal. En lugar de ideas sublimes, nos ofrecen discursos enloquecidos llenos de demagogia y para colmo pretenden imponernos sus simpatías por la FARC.

Nos están aislando del mundo y están destruyendo las bases de la riqueza nacional, incluyendo la industria petrolera y las empresas privadas. Se acabó el equilibrio de los poderes. Los dirigentes empresariales del país están siendo remplazados por una boliburguesía envilecida que se enriquece descaradamente a la sombra del Gobierno.

El desprecio por el conocimiento se refleja en el inmenso fracaso de la gestión oficial. Este Gobierno ha entrado en un callejón sin salida. Después de haber dilapidado los mayores ingresos que ha tenido Venezuela en su historia, el país se siente amenazado por la tentación totalitaria del gobernante y se enfrenta además a la posibilidad de una crisis sin precedentes.

No hay leche ni azúcar ni harina ni huevos ni pastas, escasean el aceite, la carne, el pollo, los granos y muchos otros productos de la dieta básica de los venezolanos. No sabemos hasta cuándo habrá pan. La inflación está desatada.

El crecimiento desenfrenado del gasto público se ha reflejado en un aumento en la demanda de bienes de consumo. Ahora bien, como pocos se atreven a invertir -debido a la inseguridad jurídica, las amenazas a la propiedad y las trabas burocráticas- la producción de muchos de esos bienes ha disminuido.

Nuestra seguridad alimentaria está severamente amenazada. Hoy más que nunca dependemos de las importaciones, pero esos alimentos -que deberíamos estar produciendo en el país- son más caros en el exterior. Estamos estimulando el empleo en otros países a expensas de los trabajadores venezolanos.

El iluminado que todo lo sabe y que decide todas nuestras políticas, cree que podrá resolver el asunto a los realazos. Se llevará una sorpresa. Más reales se traducirán simplemente en más inflación.

El bolívar fuerte nace herido de muerte. Y mientras aquí todo falta, las ayudas a Cuba, Argentina, Nicaragua, Bolivia y tantos otros constituyen un mecanismo de soborno internacional y una burla descarada a los venezolanos. Ahora se anuncia una petroquímica de varios miles de millones (de dólares) para Cuba, que saldrán de nuestras reservas internacionales.

El oficialismo comienza a descubrir que el pueblo, tal como ocurría en Francia en 1789, no tiene ideología. Aquella revolución nació por falta de pan; este revoltijo se derrumbará por la misma causa.

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