William Lara no debe ser culpado del fracaso

Federico Alves
Noticiero Digital

El excelentísimo señor presidente botó sin miramientos del cargo al Ministro de la Propaganda, William Lara, apuntando a una “falla tectónica” de su régimen. Esto es una gran injusticia, y en honor a la verdad debemos rechazar este intento de descalificar al vendedor por las deficiencias del producto. Chávez no puede pretender que William fracasó en “vender” el socialismo tanto como Hitler no podía colgar el fracaso de su proyecto fascista en Joseph Goebbels, su Ministro de la Iluminación Popular y Propaganda, el célebre autor de a frase “una mentira repetida mil veces se transforma en verdad”.

El pobre William fue un gran ministro de la basura, pero claro, es claro que vender ese producto no es fácil. El funcionario hizo lo que pudo, ya que el realmente cree que en la revolución esa “bonita”, pero el resto del país vive en la realidad. No hay propaganda que pueda ocultar la basura de las calles, los cientos de muertos mensuales que superan los de Bagdad, los abusos del poder judicial, la monstruosidad de la alianza con la tiranía cubana y con ese país medieval llamado Irán, donde se apedrean hasta la muerte a las mujeres mal atendidas por sus maridos.

Chávez sigue sin entender lo que sucedió el 2 de Diciembre. El país hubiera salido a las calles en masa a aclamarlo como presidente vitalicio, incluso yo mismo, si la revolución bolivariana se hubiera acercado a resolver algo, un solo aspecto de la gran catástrofe nacional. Pero nada, lo que parecía ignorancia, era ignorancia, lo que parecía incompetencia, era incompetencia. El pueblo nunca se equivoca. ¿Con que se come el anti-imperialismo?, más vale tener comida en el automercado que cualquier discurso anti-imperialista.

No hay William Lara que pueda disfrazar lo que está a la vista, y eso es la decadencia y descomposición de un régimen que alcanzó en 9 años el mismo nivel de desprestigio que tomó 40 años a la IV República. Así que digámosle a Chávez con energía “le debes una disculpa a William Lara”, y esperamos que lo envíe a una embajada de alcurnia ya que se merece un retiro glorioso. El fracaso absoluto es del mismo Chávez, quien nunca ha ejercido la presidencia de la república, sino solo la cancillería de Venezuela. El país ha estado acéfalo durante este régimen, porque al jefe del estado no le interesa su trabajo, es como un conserje que se la pasa peleando con los demás conserjes pero no le para al suyo propio. Ahí está el problema de fondo: Chávez no es el presidente de Venezuela, sino el canciller.

El presidente anunció una rectificación pero se ve que no tiene idea de donde están las fallas. La reelección de Cilia Flores en la Asamblea indica que Mr. Chávez no ha terminado de aterrizar. Cilia es altamente responsable de la debacle del 2 de Diciembre, no William Lara, pero a ella no la botan. La famosa reforma estuvo a punto de pasar en la forma como al propuso Chávez originalmente, pero la directiva de la Asamblea la destruyó agregándole locuras, varias locuras.

La locura mayor naturalmente era la reforma en sí misma, para establecer la presidencia vitalicia de Chávez, y eso en este país no se vende ni que William Lara se disfrace de Walt Disney. Si vamos a la historia nacional, el país acepta los presidentes vitalicios como Gómez cuando estos arreglan los problemas, aunque sean dictadores. Juan Vicente Gómez fue un dictador férreo pero arreglaba los problemas mediante el nombramiento de gente capaz en el gobierno, fueran o no andinos.

Sus congresos y sus gabinetes eran de alta calidad, incluso le mandó ofrecer una senaduría a Rómulo Gallegos, el más grande escritor venezolano de la época. Es famoso el episodio cuando Gómez fue a inaugurar un puente y mandó al ingeniero responsable a que se sentara debajo mientras pasaban los camiones. Chávez se rodea de personas sin escolaridad salvo la dudosa instrucción dada en la academia militar, lo cual nunca hizo Gómez.

No es que defiendo al bárbaro de Juan Vicente Gómez, sino que entre dictadores, los venezolanos debemos aplaudir a los que hacen su trabajo, y ese trabajo es gobernar esta tierra. Pero lo peor es este dictador de opereta que ni lava ni presta la batea, ocupado en pelear con George Bush mientras regala nuestro dinero a los Kirchner, unos ladrones que si hacen su trabajo aunque estén de corrupción hasta el cuello.

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