“No la mato porque está preñada”

La impunidad en Venezuela, diseñada por el dictador y su combo y mantenida por los malditos del poder ciudadano, empezando por I. Rodriguez y G. Mundarain. Como hacen para dormir? Como hacen para verle la cara a un hijo a un nieto y no sentir vergüenza. No se lo que son, no me atrevo a catalogarlos, de seguro me que do corto. Mal nacidos.

Tampoco somos tan buenos los venezolanos, a ver si nos quitamos la careta, si los únicos malos fueran estos policías y los mal paridos de las fuerzas armadas seria muy fácil recuperar el país. En realidad, detrás de los bastardos, van y vienen otros bastardos. Venezuela produce calidad humana, pero también produce patrañas de la peor.

La Red de Apoyo por la Justicia y la Paz ha contabilizado 63 denuncias de maltrato entre 2006 y 2007, Provea contó 1.478 víctimas de violaciones a la integridad personal de 2005 a 2006. Ambas cifras se quedaron cortas ante las 35.192 violaciones a los derechos humanos procesadas por la Fiscalía entre el 2000 y junio de 2007. Zulay F. es una de las que no callaron

De 2000 a 2007, cada organización no gubernamental tiene sus denuncias de maltrato cruel y de tortura ocasionados por los organismos de seguridad. Decenas de víctimas dejan de contar sus historias por temor a la venganza. Quien tiene el poder, ya se los ha hecho sentir, física y psicológicamente. El Ministerio Público registró por lo menos 6.201 denuncias a escala nacional, relacionadas con “enfrentamientos”; pero están los otros casos donde no hay muerte, sino lesiones, privación ilegítima de la libertad, violación de domicilio, tortura. Esa cifra alcanza 28.991 denuncias más.

Zulay F. prefiere no dar su verdadero nombre, pero el 10 de agosto de este año, hará menos de tres meses, en la calle 18 de Los Jardines de El Valle, en una fuerte confusión, porque la policía se llevaba a su prima esposada sin que hubiera cometido ningún delito, preguntó a un funcionario: ¿Por qué se la lleva? Y el investigador del Cuerpo d! e Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc) no respondió.


Ella tenía una taza de café en la mano y sin medirse, lanzó la taza en dirección a la unidad policial.

No la impactó, pero la consecuencia fue la misma.

De inmediato la patrulla retrocedió, descendieron del vehículo dos funcionarios, y uno se convirtió en su principal verdugo.Volaron las malas palabras. La frase: a una mujer ni con el pétalo de una rosa, se volvió mito. Cachetadas y empellones, golpes con el puño cerrado, sirvieron la mesa. En plena vía pública, sobraban los testigos.

“Me agarraron el cabello, me doblaron y obligaron a pegar la cara de las rodillas. En una de esas, el funcionario me toma por el cuello para ahogarme, y yo le muerdo el brazo. Entonces él dijo: esta maldita me mordió. Y me dieron patadas entre cuatro, mientras me arrastraban hasta la unidad. Allí, me lanzaron en la parte de atrás del jeep. Cuando el funcionario que mordí se monta, le di! ce al chofer: arranca porque a esta perra me la voy a comer viva. Me d io golpes, cachetadas, con el puño me daba por la cabeza. Yo uso lentes y me los voló de un golpe. Me decía que me iba a matar, a sembrar drogas. Me dijo que sabía dónde vivía, que tenía mis datos, que me iba a buscar debajo de las piedras, si se me ocurría denunciarlo. Que me iban a encontrar con el mosquero en la boca, que me iba a escoñetar la vida porque el mordisco tenía que pagárselo.

Ya era de noche e íbamos hacia la autopista, y él le dice al conductor que busque un matorral donde me iba a moler a trancazos. No paraba de pegarme. Decía: te voy a dar la golpiza que tu marido nunca te dio y ahora vas a saber lo que es respetar a un hombre. Mi prima iba adelante esposada o, mejor dicho, amarrada con guayas, y como no paraban de pegarme, ella le dice al conductor que me dejen tranquila porque yo estaba embarazada. El chofer frena de golpe y grita: ¡Está preñada! Entonces él me sostiene por el cuello y le dice: Porque está preñada no la mato”.

Al llegar a la! Sub-delegación del Cicpc en Coche, a Zulay F. le colocan unas esposas y junto a su prima, las retienen en una oficina.

Entre improperios y amenazas, entra al recinto “el Comisario”, quien en claro llamado de atención, ordena que “ya dejen a esas mujeres tranquilas”.

“Le pedí que me alcanzara mis lentes, porque no veo sin ellos. Él me los rescata de la unidad y me los pone. Después entra el funcionario que me golpeó, y vuelve a quitármelos de una cachetada. Los pisa, y se los mete en el bolsillo. Me pregunta cuánto me costaron y cuando le digo, me dice que voy a tener que comprarme otros porque esos ya no sirven. Después nos llevan para la Dirección de Capturas, por los cargos de Daños y Resistencia a la Autoridad”.

-¿Qué daños? -Daños a las unidades… nosotras supuestamente habíamos dañado unas unidades.


NOCHE DE INOCENTES CULPABLES
Esa noche, las primas F. fueron depositadas en una celda en la Dirección de Capturas del Cicpc en El Rosal, al lado de delincuentes comunes. La hermana de Zulay, tras presenciar el brutal forcejeo en El Valle, se va a la Fiscalía a colocar ! la denuncia. “El representante del Ministerio Público de guardia se fue a El Rosal y ordenó que, a primera hora de la mañana del día siguiente, nos trasladaran a la Medicatura Forense”. Como parte de los procedimientos, son llevadas a la morgue de Colinas de Bello Monte y luego al Palacio de Justicia.

“A nosotras nos abrieron un expediente, y el tribunal nos puso bajo régimen de presentación por seis meses. Estuvimos allí hasta las 8:00 de la noche del día siguiente”.

-¿Y todo eso por qué? -Por preguntar.


EL DESPUÉS
Al salir, una vez convertidas en criminales, Zulay F. se va a la Red de Apoyo por la Justicia y la Paz en busca de ayuda. Posteriormente, luego de su testimonio, el fiscal 83 asume la causa.

Una de las acciones es el reconocimiento de sus agresores en los álbumes del Cicpc.

“Me muestran las fotos para ver si reconozco al func! ionario y a los demás también, pero las fotografías eran viejas, de cu ando los funcionarios entraron en la antigua PTJ hace más de 20 años. No hay renovación del registro. Había nombres sin fotos y el que me mostró los álbumes me decía: `¿Tú crees que los vas a reconocer? ¿Por qué no dejas eso así?'”.

Como pocas, se atrevió a correr el riesgo de denunciar a sus agresores, puesto que si “a mí me hicieron esto y me quedo callada, mañana se lo hacen a otra. Así siempre vamos a ser pisoteadas, y no es justo que ahora en lugar de tenerle miedo a los malandros, se lo tenemos a los policías. Porque le tengo más miedo al policía que al malandro. En el barrio, los malandros no se meten con una, porque nos conocen”.

A las hijas pequeñas de Zulay F. no se les dijo nada, pero la menor de 7 años captó lo sucedido y preguntó a la abuela quién se había caído a golpes con la policía en la parte baja de la calle donde viven. Trataron de despistar a la niña, pero la pequeña, con sus neuronas nuevecitas dedujo: “Abuela, ¿no fue a mi mamá a l! a que metieron en la patrulla como a un pollo?”

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