No ha sido en vano

Por Gerardo Blyde

De dirigentes arrepentidos que fueron embajadores, constituyentes, ministros y diputados de Chávez podríamos hacer una larga lista. Algunos hoy se exhiben como la supuesta verdadera oposición; son los mismos que apenas ayer vimos expresando loas a la revolución y a su líder. Ejecutaban sus órdenes y hasta escribían empalagosas líneas en donde lo ensalzaban como un dios bolivariano.

Mucho ayudaron ayer a hacer posible la realidad que hoy vive Venezuela. Algunos le dieron piso jurídico a la revolución y hasta justificaron el cierre anticipado de las instituciones democráticas electas por el pueblo, antes de que entrara en vigencia la Constitución de 1999; apoyaron la existencia de un congresillo nombrado a dedo para legislar secuestrándole la soberanía al pueblo; aplaudieron la violación del procedimiento constitucional de nombramiento de las autoridades de los poderes públicos para que sirvieran al Presidente; no apoyaron en la redacción del texto constitucional el establecimiento de un verdadero Estado descentralizado y federal; votaron por una Asamblea Nacional unicameral para entregársela de forma más sencilla al Presidente; fueron candidatos en el kino chavista en aquella fórmula que desconocía la representación proporcional de las minorías (regla básica en democracia, conquista electoral que tanto costó) para asegurarle a Chávez el control absoluto de la Constituyente. Verdaderos colaboracionistas y coautores en muchos casos de lo que hoy gobierna.

Cuando hoy les escucho argumentar como si las amenazas contenidas en la reforma los tomasen ahora por sorpresa, como si Chávez los hubiera engañado, no salimos de nuestro asombro. Muchos nos opusimos desde el primer día, pues sus intenciones no democráticas eran claras. Eran ellos quienes desde la manga sacaban argumentos fabricados para la ocasión, justificando lo injustificable.

Las persecuciones, los juicios amañados en contra de los opositores, la represión, el estado general de sospecha, el miedo generalizado en parte de la población, la limitación progresiva de los espacios democráticos, la autocensura y la censura oficial, el haber silenciado a RCTV, la ausencia de controles estatales independientes capaces de ponerle freno a la corrupción, la utilización de los bienes públicos para fines partidistas, el aumento del período presidencial a seis años con reelección inmediata para asegurarse doce años en el poder (caso único en Latinoamérica), el abuso continuado de los medios del Estado para favorecer a una parcialidad política, por sólo nombrar algunos hechos, tienen su origen en ese piso jurídico que antes crearon, votaron y aplaudieron. ¿Es que tenemos tan corta memoria que la desesperación de hoy nos coloca en una posición de apoyar cualquier salida irresponsable e irrealizable?

En esta lucha entre el autoritarismo socialista y la democracia, todos los “engañados” son bienvenidos, y así debe ser. Pero que no digan ahora que toda la lucha de resistencia democrática que hemos vivido ha sido un error. Por el contrario, cada marcha, cada protesta, cada acción que se ha realizado, aun cuando no haya podido producir lo que muchos querían, ha sido parte de un proceso que ha frenado e impedido que la democracia desaparezca por completo. Sin todas esas luchas el sistema cubano ya hubiera sido implantado de forma envolvente y asfixiante. Cuando nos preguntan de qué sirvió que gastara mis zapatos, siempre respondemos: sirvió de mucho. Ha sido el freno democrático con el que se ha topado la revolución para no haber llegado más allá.

Cuando hoy observamos que en las bases chavistas existen serias dudas sobre la propuesta de reforma, cuando un chavista de franela roja que adora a su Presidente comienza a reflexionar y nos dice: “caramba doctor, no estoy de acuerdo con esa propuesta porque él quiere mandar en todas partes, en todos los municipios, en todos los estados, hacer lo que él diga; imagínate ahorita que no se ha terminado de centralizar y tiene a todo el mundo acosado”, hay que decir que en esta lucha de David contra Goliat, en esta siembra de nueve años, en esta resistencia cívica y democrática de nueve años, se comienzan a recoger los frutos.

Sin todo lo que hemos vivido en colectivo, el proceso hubiera avanzado mucho más de lo que lo ha hecho. La reserva democrática del pueblo venezolano es aún grande para seguir conteniendo la ambición desmedida de poder, mientras logramos convencer cada día a más y más venezolanos de los peligros encerrados en ese proyecto.

Toda la lucha vivida ha valido la pena. No es tiempo de lamentaciones. Es tiempo de activarse y seguir en la lucha, pues la democracia a nadie se la regalan, hay que pelearla todos los días. ¿Nos vamos a rendir ahora?

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