Carreño, mentiras y video (Valga la redundancia)

Por Maye Primera

 

Haga una encuesta, ministro, ahí mismo, en su oficina, para medir a cuántos funcionarios de los que trabajan en el despacho de Carmelitas los han asaltado en el camino que los lleva al Metro de El Silencio. Pregúntele a ellos, especialmente a los que viven en las zonas más populosas de la ciudad o a los que tienen que tomar la carretera Panamericana para volver a su casa, a qué hora comienza el toque de queda en su comunidad, cuántas veces los han robado en las camioneticas en las que viajan (ojo: y no por especulación en el precio del pasaje) y, a los funcionarios que tienen carro, pregúnteles si la inseguridad en las autopistas les obliga a calarse la cola con los vidrios cerrados.

Cuando escuche sus respuestas, tenga la delicadeza de no decir que los bota por mentirosos; diga que los bota por golpistas, que suena más elegante.

Y una vez que el ministerio se le quede vacío, váyase unas cuadras más abajo, por donde quedaba su antiguo despacho de diputado, en la esquina de Pajaritos, y pregúntele a los vigilantes del CNE o de la Asamblea (si no le cree a los buhoneros, a los mototaxistas o a los transeúntes) a cuántos conductores asaltan a punta de moto y pistola en el transcurso del día. O pregúntele a las diputadas por qué, si la ciudad es tan segura, requieren la escolta de un guardia nacional para moverse desde el Palacio Legislativo hacia el edificio José María Vargas, que está a una cuadra de camino no más.

Luego, cuando vaya de vuelta a casa, pregúntese cómo fue que a usted mismo le hurtaron unos dólares de su habitación del Círculo Militar, que es un lugar tan seguro, tan lleno de escoltas y de camionetas blindadas. (Yo me pregunto también por qué se arriesgó a cometer un il&iacu! te;cito cambiario; por qué no devolvió esos dólar es a Cadivi, si el Estado se los otorgó para hacer un viaje y no los gastó.) ¿Será que estamos rodeados de malandros, ministro? ¿Será que el pillaje nos acecha para hacernos débiles, temerosos y vulnerables como ciudadanos y, en consecuencia, como Estado? Hay razones de sobra para pensar que sí.

¿Y usted todavía se pregunta si todo esto responde a un plan desestabilizador?
Por supuesto, ministro, que es así. Semejantes niveles de inseguridad son capaces de tumbar a cualquier gobierno que se sostenga sobre el bienestar social y no sobre el fanatismo ideológico. ¿Y sabe quién comanda ese plan perverso? Usted, ministro, con su incompetencia para darle seguridad al país.

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