“Culpar a la abstención de la ‘victoria’ de Chávez es hacer el idiota”

Por Carlos Blanco el universal
domingo, 30 de sep de 2007

Abstencionistas regañados

En forma curiosa, ciertos dirigentes y articulistas cargan las tintas contra los abstencionistas, echando sobre sus vapuleados hombros unas cargas inmoderadas. Se comportan como el cura aquel que armaba tremendo zafarrancho en la misa contra los feligreses que no asistían, mientras el chaparrón les caía a quienes sí lo hacían. Así están estos Próceres del Deber Cumplido al regañar a un sector de la sociedad que en una buena proporción ha largado el cuero en la lucha contra el autoritarismo militar. No va a argumentar este narrador a favor de la abstención, aunque hoy sea un sentimiento mayoritario; todavía queda algún tiempo -aunque poco- para apreciar su conveniencia de cara a un referéndum que, tal vez, no tenga lugar.

Curiosa Democracia

El maltrato a quienes consideran que la abstención es un arma de lucha tiene algunas curiosidades. Hay voceros que solicitan esperar pacientemente a que la oposición se convierta en mayoría, para poder derrotar a Chávez. Sostienen que éste ha ganado porque tiene más de 50% y que ningún demócrata, por osado que sea, debe impedir la manifestación de esa voluntad. En este rincón de la palabra se ha argumentado sobre la mentirilla que representa esa supuesta mayoría. Pero, en beneficio del argumento, acéptese que hay que respetar que Chávez dure en el poder hasta el fin de los tiempos, porque los ciudadanos lo acompañan.

La pregunta es por qué se guarda tanta compostura con esa falsaria mayoría y en el instante de evaluar la actitud de quienes desde la oposición creen en la abstención, lo que se desata es una cadena de improperios, cuando las mismas encuestas que dicen que Chávez tiene gran respaldo dicen que la abstención domina en el campo de los que a él se le oponen. Debe cavilarse la extraña razón que asiste a quienes tratan con guantes de seda la supuesta mayoría del Presidente y la convulsiva respuesta que desencadenan cuando se evalúa a sus panas abstencionistas.

Por Mi Grandísima Culpa

La extrañeza sube de tono cuando se analiza la función dirigente. Supóngase que tienen toda la razón del planeta quienes sostienen que debe votarse en el incierto referéndum; en consecuencia, asúmase que los abstencionistas están equivocados de cabo a rabo. La postura más inocente sugeriría preguntarse por qué los dirigentes que sí saben lo que hay que hacer no convencen a los herejes, en vez de lanzarlos a la hoguera. La función de los dirigentes es dirigir, lo que, en términos democráticos, es entender las posiciones, analizar sus causas, promover una nueva actitud, pero siempre al lado de la gente y no en su contra.

En Venezuela se tiene el singular caso de que los dirigentes se encargan de reprochar con inusitada frecuencia a los que se abstienen y no se preguntan la razón por la cual no los convencen. ¿Por qué será que toda una pléyade de estrellas del firmamento político no puede con la múcura y por más que braman en contra de quienes discrepan de sus posiciones, no los persuaden?

Uhmmm¿Algo raro pasa allí. Nadie puede sostener en serio que la postura abstencionista es producida por algunos pequeños partidos y sospechosos analistas políticos. Sería un homenaje insólito al poder de convicción de éstos, pero es una tesis sin fundamento como parece innecesario argumentar. Esa posición de abstención es consecuencia de una historia y de la evaluación que un amplio sector del país hace sobre la utilidad de participar en procesos electorales fraudulentos que, por serlo, no permiten que su voluntad se exprese. En consecuencia, esa confrontación contra los abstencionistas es una confesión del fracaso de la función dirigente. Tienen el título de dirigentes, pero no dirigen.

Intolerancia

En una guerra hay espacio para la infantería, la caballería y la artillería; para los ingenieros, para los que trabajan en logística y los que hacen las comunicaciones. Todos se complementan. En esta guerra por la democracia, en la cual muchos están empeñados, los fundamentalistas de la votación a juro, no entienden la necesidad de la diversidad. No admiten la virtud de diferentes aproximaciones y estrategias a un hecho tan complejo como lo es la confrontación con la autocracia. Sobre todo, cuando se ha visto que en materia electoral las recetas aplicadas han tenido resultados enmarañados; ha de recordarse que hubo una fabulosa abstención en 2005 y a los pocos meses aquella victoria se deshizo por la inexistencia de una dirección capaz; ha de recordarse que la participación unitaria en 2006 se convirtió en agua de borrajas el mismo día a las 6 pm.

¿Cómo Entender el Asunto? La mayor parte de quienes hoy son abstencionistas frente a un eventual referéndum están opuestos en forma bastante radical al Gobierno. Se les acusa de no hacer nada, como si negarse a votar en una elección fraudulenta no fuera -o pudiera ser- un acto digno de resistencia pacífica. O como si ir a la mesa electoral fuese un acto en sí mismo heroico.

Votar puede tener sentido dentro de una estrategia coherente y no como un mecanismo tramposo para abrir el camino a las postulaciones de gobernadores y alcaldes en 2008.

Los abstencionistas son críticos del Gobierno, pero también son críticos de la dirección opositora. Constituyen una parte esencial de la sociedad que acompañó a esa dirección en las luchas desde el 2000 hasta el 2006 y que quedó con la sensación de que en los momentos culminantes fue abandonada, como en aquella célebre y triste madrugada en que la Coordinadora Democrática, blindada como estaba, sufrió vahídos por un excesivo y peligroso surmenage.

Todas las opciones están abiertas. Quien esto escribe no descarta que la voluntad cívico-militar, pacíficamente, haga retroceder el intento de asalto final que Chávez procura, por lo cual podría no haber referéndum y el nuevo golpe de Estado saldría derrotado en toda la línea, aunque fuese con argumentos pretendidamente técnicos (inexistencia de tinta para mojarse el dedito o que el responsable de las computadoras en el CNE tiene resfrío). Pero, si hay referéndum, allí están la abstención y la participación como opciones. Lo que no debería ocurrir es que los dirigentes promotores de la participación alimenten la abstención, insultando a los ciudadanos y a los sectores que honradamente creen en que es la acción más aconsejable.

Culpar a la abstención de la “victoria” de Chávez es hacer el idiota. Es como si sus triunfos desde 2004 en adelante no hubiesen dependido o estado ligados al ventajismo y al fraude; situaciones que son las que han generado la abstención.

En el marco del autoritarismo militarista, si los ciudadanos votan y Chávez se impone, y si no votan también se impone, quiere decir que el nudo del asunto está en otra parte.

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