Oswaldo Álvarez Paz nos convida a reflexionar sobre jugar con candela

López Contreras. Zuliano, maracucho de nacimiento como yo y, de paso, ministro de la defensa para decirlo en términos simples como antes, Gustavo Rangel Briceño, es el mismo personaje que recientemente interpretó por la libre la naturaleza de la misión militar. Afirmó que la propuesta constitucional de Chávez, más que una proposición, era una orden.

Ahora, como quien tiene en sus manos la magia que permitirá ahogar el descontento nacional y criminalizar toda oposición a las pretensiones totalitarias y comunistas de su jefe, pronunció otra frase para la historia: “Candelita que se prenda, candelita que se apaga”. Esas palabras dichas en el marco de unos ejercicios de represión física e institucional en la sede de la minusválida Guardia Nacional, con monigotes y pancartas que hacían de oposición, son lo suficientemente graves y amenazadoras como para que la Venezuela decente las rechace en el fondo y en la forma.

 

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