Propiedad privada y comunismo

Los venezolanos estamos angustiados por lo que aparenta ser una frontal arremetida de un sistema que ya venía desapareciendo en el mundo después de fracasar en todas partes, pero que ahora ha desembarcado en nuestras costas y pretende conquistar a una sociedad desprevenida: el comunismo.

Volvamos las páginas de la historia para revisar lo que con respecto al comunismo y sus tácticas recomendaban sus patriarcas por allá a mediados del siglo XIX.

En diciembre de 1847 se reunió en París el II Congreso de la Liga Comunista. Allí se aprobó un documento denominado “Principios del Comunismo”, que sirvió de base para el famoso “Manifiesto del Partido Comunista”. En aquel documento de 1847, la Liga anunciaba la estrategia que utilizaría para adelantar su revolución. El documento comenzaba por preguntarse:

“¿Qué vía de desarrollo adoptaría aquella revolución? Y la respuesta fue:

“Se establecerá ante todo un régimen democrático”.

Se trataba de una “vía indirecta” que sin embargo, en opinión de sus autores:

“No puede conducir a otro desenlace que a la victoria del proletariado”.

Más adelante el mismo documento aprobado por la Liga Comunista, establecía: “La supresión de la propiedad privada es incluso la expresión más breve y más característica de esta transformación de todo el régimen social”. Y a continuación se formulaba la siguiente pregunta: “¿Será posible suprimir de golpe la propiedad privada?”. Y la respuesta establecida en el documento fue la siguiente: “No, no será posible” ¿ ” por eso, la revolución del proletariado que se avecina, según todos sus indicios, sólo podrá transformar paulatinamente la sociedad actual ¿”.

“La democracia sería absolutamente inútil para el proletariado si no la utilizara inmediatamente como medio para llevar a cabo amplias medidas que atenten directamente contra la propiedad privada ¿”.

El documento pasaba a enumerar las medidas recomendadas para imponer el comunismo. Entre otras señalaba las siguientes:

“Restringir la propiedad privada, quitarle a los capitalistas privados el usufructo de los medios de comunicación, expropiar gradualmente a los propietarios agrarios y de las fábricas¿”. A tales efectos, la Liga Comunista aconsejaba:

“Propiciar la competencia generada por empresas del Estado con miras a arruinar a los empresarios privados, confiscar los bienes de todos los emigrados, ocupación por parte de los proletarios de fincas, fábricas y talleres, centralizar los créditos y la banca en manos del Estado, educar a todos los niños en establecimientos a cargo del Estado, desde el momento mismo en que puedan prescindir del cuidado de la madre, conjugar la educación con el trabajo fabril ¿” y muchas otras medidas de larga enumeración, pero que en todos caso nos resultan extrañamente familiares al revisar lo que está ocurriendo actualmente en Venezuela.

Preocupa lo que a continuación decía aquel documento de la Liga Comunista en 1847:”Por supuesto, todas estas medidas no podrán ser llevadas a la práctica de golpe, pero cada una entraña necesariamente la siguiente. Una vez emprendido el primer ataque radical en contra de la propiedad privada, el proletariado se verá obligado a seguir siempre adelante y a concentrar más y más en manos del Estado, todo el capital, toda la agricultura, toda la industria, todo el transporte y todo el cambio. Este es el objetivo a que conducen las medidas mencionadas ¿ Finalmente, cuando todo el capital, toda la producción y todo el cambio estén concentrados en manos de la Nación, la propiedad privada dejará de existir de por sí”.

Un año después, en 1848, Marx y Engels presentan el Manifiesto Comunista. En aquel documento se hacían innumerables referencias a la necesidad de adelantar una lucha de clases como la que hoy propicia el oficialismo en Venezuela.

Y al referirse a lo que consideraba como las fases del surgimiento del comunismo, el Manifiesto las definía como:

“Una guerra civil más o menos embozada que se plantea en el seno de la sociedad vigente hasta el momento en que esta guerra civil desencadena una revolución abierta y franca, y el proletariado, derrocando por la violencia a la burguesía, echa las bases de su poder”.

Después de atacar ferozmente los conceptos de religión, matrimonio, familia, dependencia de los hijos respecto a los padres (que en su opinión debía ser abolida), patria, nacionalidad y otros tantos ideales profundamente enraizados en la idiosincrasia de los venezolanos, aquel célebre Manifiesto del Partido Comunista concluía con el siguiente llamado:”¡Proletarios de todos los países, uníos!”

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