El mono peligroso

Razón tiene el Sr. Londoño, si alguien debería estar preocupado (fuera de los Venezolanos), son los Colombianos. Después de todo nuestro mono revolucionario sabe contar, y sabe que con Brasil ni de vaina.

Por Fernando Londoño Hoyos

 

Los monos han ofrecido generoso material de estudio para científicos y pensadores. Ortega y Gasset fundó todo su pensamiento social en la contemplación de gentiles simios en una jaula. Su ir y venir, sus saltos y carreras, sus caras extravagantes, ora contemplativas, ora risueñas o agresivas, su incapacidad absoluta para permanecer en estado de quietud, suscitaron el “Ensimismamiento y Alteración” con que empieza “El Hombre y la Gente”, obra clave del pensamiento orteguiano.

 

Tanta fatiga inútil, tanta atención para nada, tanta volubilidad, tanta acción inesperada, nos hacen recordar probables antepasados angustiados, en guardia, en permanente alteración, volcados hacia afuera e incapaces de refugiarse en ese “intus” que constituye el yo o la personalidad, tan difícilmente labrada en milenios de lenta evolución.

 

Los dictadores son parecidos. Cuando por alguna rara combinación de circunstancias fortuitas se concentra todo el poder en manos de alguno de los muchos que no saben qué es el poder, ni para qué debe usarse, se enloquece la pobre criatura. Y empieza a fabricar lo único a mano para el que se encuentra en situación que lo altera irrevocablemente y de raíz: monerías.

 

Un dictador es un mono en una jaula, en la que la pasan muy mal compañeros que tenga de prisión. Sobre todo si es grandote, fuerte, de malas pulgas y lleno de concupiscencias, el dictador o el mono, que pueden divertir al transeúnte, y para eso los guardan en las jaulas y cobran por verlos, es eminentemente peligroso por irracional y dañino por ambicioso. Pero lo grave es que antes de mostrar los inconvenientes de su insociabilidad, ya los que disfrutaron de carantoñas y maromas lo han hecho insufrible. El mono comprende pocas cosas, pero una de ellas es que tiene cierto público a su favor, listo al aplauso que suscitan sus gracias elementales.

 

Aquí en el vecindario se nos instaló un especimen de la clase que examinamos. Chávez empezó como un mono simpático, que de decir tonterías, y de hacerlas, produjo no poco entusiasmo desde su sorpresivo escenario. Ver un hombrote elemental, travieso, dicharachero, ignorantón, disfrazado de presidente de un país respetable, no deja de ser un espectáculo llamativo, sobre todo si por la lejanía hay pocas posibilidades de sufrirlo. Y así, por un acumulado de tolerancias ingenuas o de calculados intereses, contribuimos a montar el circo. Y ahora el problema, hastiados de repelencias y harto escaldados de jugar con micos, no sabemos cómo bajar el telón. La comedia se complicó. Porque el simio se salió de la jaula y alguien le regaló una ametralladora que sabe disparar.

 

Con la lotería que la naturaleza y la compleja economía internacional le regalaron al mono de nuestra historia, resolvió hacer, en parte, lo que cualquiera imaginaba: monerías con el destino de Venezuela, que hoy, si no se le hubiera aparecido el primate, debía ser el país más desarrollado, próspero, industrializado de América Latina. Y hasta ahí, con egoísmo irresponsable podríamos decirles a nuestros hermanos que eso les pasa por jugar al circo. Pero una de las monerías del mono ha sido la de meter en la jaula a todos sus conciudadanos y salir él por el mundo a comprar armas para descargarlas sobre el primer vecino que convenga a su función. En otras palabra, sobre Colombia. Chávez tiene submarinos lanza misiles, aviones rusos de última generación, gigantescas lanchas de desembarco, helicópteros de ataque, fragatas, largas columnas de tanques y 300.000 fusiles rusos. Y como nada de eso es razonablemente utilizable, es obvio que lo almacena para darle al mundo un susto monumental. Parecido al que muchos de su género le metieron a una humanidad desprevenida y tontarrona: Hitler, Mussolini, Stalin, bajaron de los mismos árboles. Y cuando alguien quiso devolverlos al zoológico, la operación costó más de cien millones de vidas. Todo está en saber el precio de reducir a Chávez, el alterado mono que aterra al vecino querido y viene sobre nosotros.

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