Mucho, mucho que explicar

Que el mundo fue y será una porquería ya lo sé. ¡En el quinientos seis y en el dos mil también!. Que siempre ha habido chorros, maquiavelos y estafaos, contentos y amargaos, valores y dublé…  Pero que el siglo veinte es un despliegue de maldá insolente,  ya no hay quien lo niegue.  Vivimos revolcaos  en un merengue y en un mismo lodo  todos manoseaos… ¡Qué falta de respeto, qué atropello a la razón!  ¡Cualquiera es un señor!  ¡Cualquiera es un ladrón!

Cambalache – Enrique Santos Discépolo

 

El gobierno argentino debe muchas explicaciones a sus ciudadanos. Y los argentinos se las están exigiendo. La ristra de posibles delitos en relación a la “maletica” contentiva de casi 800.000 dólares es más larga que el repertorio de tangos de Santos Discépolo.

Pero el gobierno del Sr. Hugo Chávez y del Sr. Rafael Ramírez debe montañas de explicaciones a los venezolanos. No basta esta calistenia barata de excusas que ni mojan ni empapan y que el pueblo simplemente no se traga. No basta que desde Miraflores y desde Pdvsa lancen comunicados que no son más que palabrería vana y justificaciones sin fundamento. Y no alcanza que tengan el tupé de calificar este asunto de “policial” o de “malentendido”. Y menos que pretendan convencer a los venezolanos que esto es una trampa montada por las cúpulas podridas del imperialismo con el único fin y propósito de desprestigiar al gobierno de Chávez.

El gobierno venezolano tiene la audacia y el desparpajo de querer borrar de un plumazo lo que es un asunto de máxima gravedad. Algo huele muy mal en este asunto, huele a podredumbre. Y el hedor recorre el ambiente. Ese hedor no se quita rociando perfumitos. Porque eso han sido hasta ahora las declaraciones de autoridades del Estado venezolano. Esto no es “lamentable”, o “criticable”. Esto es una historia sucia que pone de relieve la clase de gobierno que rige el presente del pueblo venezolano. 

El gobierno del Sr. Chávez y del Sr. Rafael Ramírez no puede pretender escurrir el bulto, salirse del embrollo y querer aparentar inocencia en toda esta vagabundería de la “maletica” de los 800.000 dólares. Los ciudadanos no debemos permitirlo. El gobierno tiene que cantar el tango con todos sus versos. Y los ciudadanos también debemos seguirle la pista al gordo Guido Alejandro Antonini Wilson y a todos los otros venezolanos que viajaron en ese avión – a saber, Ruth Berhrens (funcionaria de PDVSA en la República Oriental del Uruguay), Nelly Cardozo (asesora Jurídica de PDVSA), Wilfredo Ávila (funcionario de protocolo de PDVSA) y Daniel Uzcátegui Speech (hijo de un vicepresidente de PDVSA) – que aterrizó una madrugada en la ciudad de Buenos Aires, portando unos dineros que eufemísticamente dicen que podrían ser de origen y destino dudosos. Resulta inconcebible que a estas horas ninguno de los viajeros haya sido llamado a declarar, que nadie haya sido obligado a renunciar, que nadie dé la cara. ¿Protegidos? ¿Enconchados? Y eso, ¿de quién es culpa?

Los venezolanos somos gente decente. Pero padecemos un gobierno que no lo es. No callemos. Porque al hacerlo triunfará la maldad y la indecente codicia. Triunfará el delito y el pecado. Y el gobierno del Sr. Chávez y el Sr. Rafael Ramírez se lavará la manos como Poncio Pilatos, y seguirá burlándose y riéndose a mandíbula batiente.

Un nuevo Tiempo 

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