Psss, señor… es con usted

Por Luis Indriago

En la escala mundial de pueblos seriamente amenazados, Venezuela ocupa lugar preponderante; pero, para cualquier observador que nos visite le será muy difícil notarlo: quizás observará calles muy deterioradas, llenas de basura, pero colmadas hasta la parálisis de vehículos último modelo de la más fina ralea; le dirán que se cuide, por aquello de la inseguridad, pero quizás se lo digan bien entrada la noche en un atestado restauran o centro nocturno; le dirán que la economía es un desastre, pero que ni piense en trasladarse a ningún sitio de interés en el país porque no encontrará ni pasajes ni hotel; finalmente, le dirán que la situación política está negra, pero encontrará que todo el mundo está de vacaciones.

 

¡Ah!, quizás también le digan que la libertad de expresión está cercenada y que el país está polarizado en dos facciones irreconciliables, pero podría encontrarse con tirios y troyanos en un buen sarao aniversario brindando por la libertad de expresión, el derecho a la propiedad y la reconciliació n nacional. ¿Entonces, de qué estamos hablando? Se me ocurre, que quizás el verdadero riesgo que ese observador estaría corriendo al llegar al país sería lesionarse sin contar con una buena tarjeta de crédito o de afiliación internacional de seguro médico; en cuyo caso, pasaría a estar en una situación digna de “Babel” —la película— y podría morir, como les ocurre a diario a más venezolanos.

 

Nuestra trágica realidad no permite sino ironizar para descargar tanta impotencia. Es casi inútil enumerar nuestros males, los venezolanos seguimos aferrados al “no vale, yo no creo” o más apropiadamente a “esto no es conmigo” o al “a mí esto no me afecta” o al “déjame tomar prestada la nacionalidad del abuelo, porque allá, en su país, debido a luchas que otros libraron, sí podré hacer valer mi capacidad”. Todavía no nos hemos dado cuenta de que tenemos mucho que ver con lo que nos está ocurriendo.. . Sí, señor, señora… es con usted.

 

Más allá de arroparnos con la bandera nacional, de voltearla, de marchar y marchar, de ir o no a votar y de entretenernos con nuestra comedia favorita de todos los días: la gran tragedia nacional, los venezolanos no la hemos encarado con la fuerza y convicción que la realidad nos exige. Esto no está escrito para ofender, porque lo que se necesita es despertar de esta suerte de engaño cómplice en el que todos, consciente o inconscientemente, hemos venido participando.

 

Los venezolanos sabemos que tenemos dos gravísimos problemas: uno, que estamos embarcados en un “autobús” desenfrenado hacia un precipicio y dos, que no tenemos alternativa democrática que lo contenga. Ambos casos han ocurrido porque todo lo hemos dejado en manos de otros y esos otros han hecho lo que les ha dado la gana. Pero, lo peor es que seguimos esperando por otros quienes sean los que nos saquen de este atolladero.

Hasta ahora la denuncia de los males ha sido fuente inagotable de nuestra diaria distracción. Escasamente, se ve algún intento de concreción, porque cualquier intento tiene que librar el más severo escrutinio de nuestra parte, y allí también radica nuestra tranca universal: no hay dos venezolanos que coincidan en cómo hacer las cosas. Con serenidad, los venezolanos necesitamos meditar sobre estos asuntos para utilizar todo nuestro ingenio en cómo canalizar las ideas para encontrar una salida. Hay quienes sólo piensan en la salida como un episodio único, pero sabemos que después del “alumbramiento” es cuando se requiere de preparación y entendimiento y ambas cosas hay construirlas antes.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s

%d bloggers like this: