El valor de los contratos

Aparte del total desprecio que tiene hacia la propiedad privada, el Gobierno de Hugo Chávez se caracteriza por un total irrespeto a convenios y contratos vigentes, sean éstos nacionales o internacionales.

 

Es público y notorio, por ejemplo, su desacato a las sentencias de la Corte Andina y de la Corte Interamericana de Derechos Humanos de la OEA.

También es harto conocido, su descaro al incumplir acuerdos de negocios vigentes, como lo hizo al rescindir unilateral e intempestivamente el año pasado los contratos con las operadoras servicios petroleros y, más recientemente, con las asociaciones estratégicas de la Faja Petrolífera del Orinoco y con los acuerdos de ganancias compartidas de la industria petrolera.

 

Menos notorio, pero igual de arbitrario, fue el trato dado al Hotel Caracas Hilton, rebautizado ahora como “Alba Caracas”. El año pasado a la operadora del Caracas Hilton se le renovó la concesión por cinco años, por lo cual ésta invirtió más de Bs.30 millardos en mejoras para el Hotel. Sin embargo, sin ton ni son, el Gobierno rescindió el contrato y les informó que el hotel pasaría a manos de la empresa turística del Estado, Venatur, el próximo 31 de agosto y, peor aún, no dio compensación alguna por la inversión realizada.

 

Más descarada, si esto es posible, es la violación contractual que afectó a la Inversora Turística de Caracas (ITC) -integrada por el Grupo Mezerhane y el Fondo de Valores Inmobiliarios- que operaba a Ávila Mágica. En este caso pareciera que existe una mezcla de vendetta personal con un ilegal desconocimiento de compromisos contractuales, similar a la que se le aplica a Radio Caracas TV.

 

Nelson Mezerhane, miembro del ITC, es también accionista de Globovisión y del Diario El Globo, ambos medios de comunicación con una línea editorial crítica al proyecto comunista de Chávez.

 

A Mezerhane, además, se le ha despojado de un hotel en Puerto La Cruz y fue acusado falsamente de estar involucrado en el asesinato del fiscal Danilo Anderson. Ahora, en menos de lo que canta un gallo, se despoja a la inversora ITC de una concesión que tenía para operar el Teleférico de Caracas y el Hotel Humboldt por 30 años, luego de haber invertido unos $90 millones para transformar toda la chatarra que encontró en 1999, en la atracción turística que es hoy Ávila Mágica, con teleférico y hotel incluido.

 

El Gobierno, en voz de la ministra de Turismo, Titina Azuaje, aduce descaradamente que se trata de una “rescisión de contrato” (y no una expropiación), y asegura que no tienen intención alguna de reembolsarle a los empresarios lo que invirtieron ni de resarcirlos por los perjuicios ocasionados.

 

Con este actuar, el Gobierno está ocasionando graves daños al país en general y al sector turístico en particular. Por un lado, es de prever que más temprano que tarde el Teleférico y el Hotel Humboldt serán de nuevo impactados por la desidia burocrática así como por una mala y politizada gerencia que, al igual que en el pasado, los llevará directo al colapso.

Por otro, ¿Quién se atreverá a invertir en Venezuela, si en este país la obligación contractual no vale ni el papel en donde se escribe?

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