Barreto como problema

Opinión
Alberto BARRERA
ND / El Nacional

El Presidente lo repite con insistencia: “Águila no caza moscas”

Sobre todo para ellos, para el gobierno, para el chavismo en general.
Es el junior. El adolescente de la familia rica que siempre se mete en problemas. No hay manera. Apenas cualquiera se descuida, ahí va él y sale otra vez con una de las suyas. Ya es casi un clásico de la vida pública, una rutina de la nueva identidad política. No se trata de un suceso inesperado, de un accidente. Barreto es un estilo.

Por lo general, el problema Barreto sucede en espacios abiertos, delante de bastante gente y bajo la mirada de los medios de comunicación. Por lo general, también, se repite una misma secuencia. Primero, el alcalde mayor luce sobrado, derrochando un gran dominio histriónico de la situación. A veces, hasta pareciera que desea imitar un poco al Presidente, lanza alguna broma al aire, suelta un chiste, siempre con alguna distancia, con ese ligero desdén que otorga saberse en el poder. Esta vez, en el estadio, también fue así. Sobrado, feliz, sonreidote, estaba saludando en plan de tirabesitos, de arruchadito y querendón. Hasta que, de pronto, todo cambia. Repentinamente. En dos segundos, Barreto hace click, hace crash, hace boom.

El alcalde mayor, entonces, se transforma. Grita, insulta, manotea. Desaforado, fuera de sí. Como si le hubieran pellizcado el páncreas. Pone a todo el mundo a correr. No sólo a los ciudadanos. También a sus amigos, a esos compañeros que de manera superespontánea, se convierten de repente en sus guardaespaldas voluntarios. De la nada, se forma una revuelta innecesaria a la que, además, hay que buscarle argumentos, excusas revolucionarias.

Porque la segunda parte de la secuencia, también suele repetirse con bastante frecuencia: el alcalde mayor aparece en calma, casi poniendo cara de bibliotecario de una escuela en Zurich, diciéndole a los periodistas que él tan sólo es una víctima de la violencia de los otros. Es la etapa yo no fui del problema Barreto. Siempre alguien lo fastidia, lo agrede, lo pincha, lo jode. Pobrecito.

Nunca él tiene la culpa de nada. Apela a cualquier cosa con tal de legitimar su reacción. Pone de bulto los sentimientos, la sangre, la ideología, el amor a la patria, la fidelidad… lo que sea. Barreto se trabuca de manera instantánea en Delia Fiallo. Sus exabruptos siempre hallan alguna justificación.

Lo más engorroso es que una gran parte del oficialismo también tiene que salir a hacerle el quite. ¡Otra vez Barreto! ¿Qué pasó ahora? Nada grave. El junior se puso a repartir bofetones en las gradas…. Es sorprendente ver y escuchar a alguna gente invocando, incluso, una posible conspiración. Porque resulta que, tal vez, esta oposición –supuestamente incapaz de organizar un torneo de ajedrez entre Oscar Pérez y Antonio Ledesma– sí puede, en algún momento, orquestar un minucioso plan para, con la complicidad de un periodista uruguayo y de un turista mexicano, lograr la heroica hazaña de ¡irritar al alcalde mayor!

Sin duda, se trata de un avance importante para el proyecto contrarrevolucionario: ¡sacaron de sus casillas a Barreto! ¡Uy! Sin embargo, la capacidad de mudanzas del alcalde parece ser inagotable. Mientras el oficialismo sale, en bloque, a defenderlo; mientras sus aliados hacen maromas, piruetas, tratando de transformar una supuesta mentada de madre en un crimen político, intentando encontrarle razones a un inadmisible abuso de autoridad…

Barreto aparece en La Hojilla, tan campante, de nuevo en plan sobrado, dejando fluir sus humores, volviendo a sentirse apoyado, mirando a cámara y ofreciendo, en vivo y en directo, pegarle una mano al profesor Carrillo si se lo encuentra alguna vez por la calle. Esa imagen funda un tipo de país. Puede más que todos los libros que se publiquen en la nueva imprenta nacional.

Es fácil suponer que también alguna gente, aun dentro del oficialismo, esté un poco harta del junior. Ya suficientes problemas tiene el Gobierno como para, encima, estar zanqueando al alcalde, evitando que meta los nudillos donde no debe, instándolo a controlar el ánimo y el desparpajo. Es posible imaginar que a un hombre como Chávez no le agraden las faltas de control personal.

Quizás piense que, en el fondo, expresan una gran debilidad. El Presidente lo repite con insistencia: “Águila no caza moscas”. Y el alcalde también se repite con insistencia: flota, planea, volando bajando, y cada vez que puede se pone a cachetear insectos. En un proceso donde el orden militar se impone como modelo de relación política y de ejercicio de poder, Barreto quizás sea un riesgoso ejemplo de liderazgo, un imponderable, un tiro al aire en mitad de las tribunas.


Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s

%d bloggers like this: