La Contaminada propaganda de Chávez

Un periódico universitario de Austin (Texas) publicó hoy un reportaje sobre la “Revolución bolivariana”. La redactora se sorprendió de los múltiples carteles y graffitis que pueblan Caracas. Para ella, tras 8 años de revolución “las necesidades fundamentales siguen sin ser cubiertas“.

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La Revolución, vista desde Texas
La Contaminada propaganda de Chávez
Por Maria Cesar para The Daily Texan
18 Jun 2007

Por encima de los hendiduras y cúspides de las montañas, la brisa caribeña flota hacia la ciudad en movimiento. Caracas, alojada en un valle, es un río de automóviles, altos edificios de apartamentos y vallas publicitarias.


La brisa hace lo que puede para desplazar el smog, pero la polución abunda – igual que la basura, los graffitis y la pobreza. Estos estigmas permanecen, junto a la brisa oceánica, ocho años después de que Hugo Chávez fue juramentado como presidente, con la firme resolución de catapultar a la nación a una era de cambios.

Aquí pulula la Revolución Socialista, mientras las necesidades fundamentales (como infraestructura decente y un salario para vivir) siguen sin ser cubiertas, ni siquiera por estándares mínimos. En la arena doméstica, las naciones capitalistas contienen su aliento mientras Chávez busca nacionalizar los sectores privados, como el petróleo, los medios de comunicación y la salud.

El grafitti habla por sí solo, y en Caracas está en cada calle y en cada esquina. Las consignas políticas que condenan al imperialismo norteamericano y apoyan al movimiento socialista son frecuentes, como lo son los murales que emparentan a Chávez con revolucionarios del pasado, como el fundador del país, Simón Bolívar, y hasta el ícono pop del Ché Guevara. Los autobuses citadinos llevan consignas como “Ahora Venezuela es de todos”, promoviendo la promesa electoral de Chávez de conseguir el igualitarismo social.

Para hacerlo, Chávez ha provisto a ciertos ciudadanos la oportunidad de comprar raciones de azúcar, harina de maíz, leche en polvo y aceite vegetal a precios reducidos. De igual modo, ofrece cuidados de salud gratuitos, patrocinados por médicos cubanos en suelo cubano. Para calificar a estos beneficios, los ciudadanos deben identificarse con el partido político de Chávez y no pueden haber votado en un referendum para revocar al Presidente en 2004. Aquellos que lo hicieron, fueron inmediatamente añadidos a la lista negra.

Los venezolanos cuentan con una tarjeta de identificación nacional, llamada cédula, que lleva un número único para cada ciudadano. Aquellos que votaron para sacar a Chávez del poder en 2004 tuvieron que identificarse con su nombre y número de identificación, y estas identidades han sido almacenadas en una masiva base de datos nacional. A las personas se les niega regularmente el acceso a los programas gubernamentales como resultado de su voto.

Como si ello no fuera suficientemente Orwelliano, Chávez negó la renovación de una licencia de teledifusión a Radio Caracas de Television, tras 53 años en funcionamiento, una de las estaciones de TV más populares del país. El cierre probablemente tuvo que ver con el contenido del canal, especialmente su ridiculización de las reformas socialistas de Chávez. A lo largo del país, los estudiantes universitarios organizaron protestas no violentas a principios de este mes. Miles de personas tomaron las calles con pancartas, pintura facil y consignas, algunos de ellos sosteniendo sus manos en alto para reforzar su mensaje pacifista. Las manifestaciones se toparon con una policía represiva, que repartió rondas de gases lacrimógenos y asaltó a los manifestantes con perdigones de goma y peligrosos chorros de agua al alta presión. Al menos cuatro estudiantes fueron heridos de bala mientras protestaban en las afueras de una universidad en Valencia, unos 160 kilómetros al Oeste de Caracas.

Es la primera vez en la historia de este país que un medio de comunicación ha sido silenciado, y su concesión de teledifusión denegada.

Poco después de las primeras protestas, los líderes del partido de Chávez concentraron a sus partidarios de la clase trabajadora, los Chavistas, que salieron de forma silmilar y marcharon por las calles en solidaridad. Su mensaje fue claro: “Apoyamos a nuestro Presidente“. Mientras que en su fortaleza numérica son un testamento al soporte de base a Chávez, y su popularidad entre los más pobres, las apariencias pueden engañar.

Un hombre de la localidad, que trabaja en una de las principales empresas de autobuses de Caracas, me contó que los Chavistas reciben incentivos monetarios para marchar en nombre de los líderes del partido. Esto podría resultar difícil de comprobar, pues hacer esta afirmación de manera no anónima podría incitar la retaliación del gobierno o de su empleador. Pero dijo: “Lo sé, porque nuestros autobuses los traen a Caracas y ésto es lo que ellos nos dicen. Les dan dinero y comida”.

La autocensura es un símbolo constante de las moribundas libertades del país.

Al parecer, ésto no es ningún secreto. Ni lo son las otras medidas que Chávez ha tomado para mantener la fachada de una sociedad verdaderamente funcional. Pero a medida que la pintura de la propaganda comienza a borrarse de las defensas de las dilapidadas autopistas venezolanas, la Revolución Socialista se mantiene, estancada, como el pesado smog que cobija la ciudad.

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