De Roberto Mata para el tipejo

Sr. Presidente (aunque sea un eufemismo lo de Sr.)
Quisiera preguntarle, disculpe que no lo tutee como a usted le gusta hacerlo con todo el que le pasa por el frente, reina de Inglaterra incluida; pero para tutear hay que estar al mismo nivel, y usted y yo no estamos ni lo estaremos jamás como para hacerlo. Continúo. Quisiera preguntarle qué más desea. Después de todo lo que ha obtenido en estos casi nueve años de llevarnos fueteados. Qué más le quita el sueño a eso de las 3 de la mañana, qué lo estimula a continuar logrando lo que nadie antes había hecho en la historia moderna de Venezuela: Separarnos.


No le voy a salir con el cuentico de que yo también vengo de abajo, ni con todo aquello de quien ha tratado de explicarle algo siente necesario sea de su conocimiento. Vengo de donde vengo, abajo para algunos, medio para otros y “con suerte” para los que tienden a juzgar la vida de los demás como si fuera un Kino.

También quiero que sepa que no tengo ningún consulado ni embajada
donde hacer cola. Eso nos pone igual de venezolanos a ambos, lo cual
parece un contrasentido. Así es la vida.

Muchos de los venezolanos que seguimos viviendo en el país, lo hacemos
entregando algo a cambio: La seguridad personal, ahora inseguridad
personal, que está en sus manos. Parte de la ciudad, porque decidió
armar un ghetto. La libertad de expresión, por lo incómodo que resulta
pensar, porque hasta eso se lo cuestiona más de uno. Pero esta lista
es tan larga y sabida que, honestamente, lo que me intriga es lo que
viene, el futuro. El presente todos lo conocemos.

¿Quiere mi lado de la cama?
¿Quiere el control de mi televisor, aunque le falle la pila?
¿Quiere mis fotos de la primera comunión?
¿Quiere la boleta del colegio de mi hijo de 8 años?
¿Quiere mi carro con 400.000 kilómetros?
¿Quiere mis ideas que no he desarrollado todavía?
¿Quiere a mis dos perros, un loro y un morrocoy mantenido porque ni saluda?
¿Quiere mi emoción de terminar un maratón de 42 kilómetros?
¿Quiere mis discos de Peter Gabriel?
¿Quiere el flux que no me cierra por haber engordado?
¿Quiere mi sueño de 6 horas y a veces menos?
¿Quiere mi sentido de la amistad?
¿Quiere a mi novia de 4to año de bachillerato?
¿Qué carajo quiere Presidente?

Es imposible ser apolítico en nuestro país y el que lo sea cumple con
su cuota de ignorancia que estadísticamente nos toca.
Usted ha logrado, en su afán egocéntrico, que todos hablemos de su
figura mañana, tarde y noche como jamás hicimos con Caldera. Eso hay
que reconocerle a Caldera. No pasaba nada y no lo mencionábamos
tampoco.

¿Qué más va a hacer con nosotros?
¿Qué más va tomar por su incapacidad de construir?
¿Quiere mis cámaras?

Tengo varias en actitud un tanto acaparadora. Puede tener mis cámaras,
pero ni mi ojo, ni mi manera de entender a un país donde a usted el
odio le cuesta dinero, porque cada día es más del conocimiento común
que hasta el odio es comprable. Tiene precio.

No tengo bozal de arepa Presidente. Decidí no contribuir con esta
historia hace varios años y me lo agradezco profundamente cada vez que
veo a mis hijos. Lamento que muchas veces el pensamiento individual
impere sobre el colectivo.

Reniego de todos aquellos que, sin pensar en el país, sólo pensaron en
sí mismos y en cómo resolver un tema económico. Usted lo entendió y se
aprovechó de eso. Dejó abrir un grifo para que se pegaran de allí de
forma grotesca y evidente.

Pero cuando esto pase, porque confío en que va a pasar, voy a poder
decir con la frente en alto que no me beneficié de usted, ni del team
de alta rotación que lo rodea.

Quiero informarle que mañana continúo con mi actitud de guerrilla
urbana. Voy a trabajar, voy a hacer cola en la autopista de Prados del
Este y comerme una arepa de telita en el restaurante de la zona. Voy a
seguir haciendo cada una de las cosas que usted quisiera que yo no
hiciera. Porque usted quisiera que personas como yo, y muchos otros,
no estuviéramos en Venezuela.

Pero debo admitirle, acá entre nos, que en ningún momento desde que es
presidente, y le pido que me crea, en ningún momento he pensado en
irme de Venezuela. No tengo nada que buscar en Miami presidente. No le
endoso el país.

Así que mañana, usted se queda con un canal de televisión, pero le
tocará lidiar con un montón de ciudadanos dispuestos a seguir siendo
eso, ciudadanos venezolanos.

Roberto Mata

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